Violencia tras un crimen en el conurbano

Merlo: La Pastoral Social le dice “no” a la justicia por mano propia

Anima a construir una comunidad fraterna rechazando toda forma de violencia y diciéndole “sí” a la paz fundada en la justicia. Fue tras el asesinato de un colectivero y después de que vecinos atacaron a un joven al que acusaban de estar vinculado al hecho
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El equipo de Pastoral Social de Merlo-Moreno advierte sobre la búsqueda de la “justicia por mano propia” y anima a construir una comunidad fraterna que le dice “no” a la violencia y “sí” a la paz fundada en la justicia.

En un comunicado con el título “¿Qué cosa falló?”, la Iglesia diocesana expresa su preocupación a raíz de una situación generada en un barrio de Merlo, donde un colectivero fue asesinado y vecinos del lugar atacaron una vivienda e intentaron quemar a un joven al que acusaban de estar vinculado con el hecho delictivo.

“En un contexto de dificultades generalizadas y de múltiples expresiones, una vez más un grave hecho de inseguridad, un robo, que terminó con la vida de un trabajador llenando de dolor a su familia y, a todos, de indignación. Esta vez ese delito fue seguido por un acto de búsqueda de ‘justicia por mano propia’, al arrojar al fuego a un joven, al que un grupo de vecinos consideró tener responsabilidad en el hecho (responsabilidad que no está comprobada)”, detalla.

En ese marco, invita a las comunidades de la diócesis a reflexionar. “Se trata de una invitación a preguntarnos qué está pasando en nuestra sociedad más que el deseo de presentarles afirmaciones rotundas que suelen mostrar sólo una parte de la verdad”, manifiesta.

Para ello, toma algunas expresiones del Nuevo Testamento: una de Nuestro Señor Jesucristo y otra del Apóstol San Pablo: “No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes”, y “No devuelvan a nadie mal por mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres”.

Por otra parte, recuerda una reflexión del papa Francisco en abril de 2014 con ocasión de un linchamiento en la ciudad de Rosario: “Me dolía todo, me dolía el cuerpo del pibe, me dolía el corazón de los que pateaban. Pensé que a ese chico lo hicimos nosotros, creció entre nosotros, se educó entre nosotros. ¿Qué cosa falló? Lo peor que nos puede pasar es olvidarnos de la escena. Que el Señor nos dé la gracia de poder llorar”.

“Más allá de este acontecimiento puntual, reconocemos una situación de alta complejidad que está afectando al conjunto de la sociedad argentina. La inseguridad es un real agobio que padecemos. La acción política y las fuerzas de seguridad no aciertan en la solución del problema. No parece apuntar a los efectos y mucho menos a las causas. Sabemos que este tipo de reacciones pueden ser consecuencia de la falta de decisiones y acciones políticas que den respuesta esta situación. Pero estamos convencidos de que la solución no puede ser la de hacer ‘justicia por mano propia’”, advierte.

“Muchas preguntas podemos plantearnos como cristianos y como ciudadanos en medio de un pueblo. El interés de los que obran así es hacer justicia, pero no aparece el interés por cambiar la situación social que nos conduce a esto. ¿Nos preguntamos sobre el papel de la justicia?  ¿Y de las fuerzas de seguridad? ¿De qué manera se repara el daño generado a quienes sufren, incluso la muerte, a causa de la violencia propiciada por un hermano? ¿Cómo podemos reparar el corazón de quienes incurren en el delito? ¿Y su ser en comunidad? ¿En qué estamos fallando como sociedad? ¿Qué hacemos nosotros para cambiar esta realidad?  ¿No tenemos la tentación de pensar que los delitos más graves son cometidos siempre por jóvenes de un determinado sector social? ¿Somos parte de los que estigmatizan? Sabemos que los sectores del poder político y económico no han dado siempre ejemplos de honestidad. Por el contrario. ¿Cuántas muertes ha generado la pobreza producida por la corrupción “de guante blanco”?  ¿Y el papel de las familias, de los educadores, de las instituciones?”, plantea.

“El contraste de este acontecimiento con las infinitas expresiones de solidaridad en torno a las ollas y merenderos es notable. Es el mismo pueblo empobrecido que se organiza para la vida. No para la violencia, para el delito ni para la venganza”, destaca.

“Desde Caín y Abel está en la humanidad la tentación de la venganza, pero la propuesta del Señor Jesucristo es desterrar el ‘ojo por ojo’ y construir lo más difícil, lo que más tiempo y esfuerzo lleva, que es construir la comunidad fraterna que le dice NO a toda forma de violencia. Y le dice SÍ a la paz fundada en la justicia”, concluyeron.

Fuente: Pastoral Social Merlo-Moreno