entre el cielo y la tierra

Navidad, pobreza y compromiso

Por: P. Guillermo Marcó

El espíritu navideño invita no sólo a mirar al niño de yeso del pesebre, sino sobre todo a los chicos de carne y hueso que sufren falta de casa, comida y educación. No podemos adorar a uno y desentendernos del otro.
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Se acerca la fiesta de la Navidad. Ella nos invita a po - ner los ojos en Dios que se hace niño. La encarnación es un misterio que aún no deja de sorprender a unos, escandalizar a otros y dejar indiferente a la mayoría. Nos sorprende porque está fuera de nuestro alcance dimensionar el acontecimiento: Dios, que es omnipotente, asume la fragilidad de un bebé; Dios, que no tiene tiempo -porque es eterno-, se introduce en la historia: En fin, Dios, que es todopoderoso, se autolimita en la encarnación.
Los escandalizados lo están po-rque no pueden creer que esto sea verdad, que Dios se avenga a un cuerpo humano y a sus limitaciones. De hecho, cuando San Pablo hace su magistral discurso en el Areópago de Atenas, todos lo escuchan encantados hasta que les dice que este Dios desconocido se hizo “hombre”. ¿Otro día te oiremos?, le decían, y la mayoría se alejó. Cuando hablo de la mayoría ind-i ferente me estoy refiriendo a los que celebran ‘las fiestas’, es decir,
a quienes se juntan para comer y beber, decoran la casa, hacen reg-a los, pero carecen de una referencia vivencial del misterio que se celebra. Que tienen sólo un vago sentimiento de amor a los conocidos y deseos de pasarla bien. Quisiera invitarlos a profundizar en un aspecto importante de la Navidad. En el texto de Mateo 25, el Señor nos dice: “Vengan, bend-i tos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre y me die - ron de comer. Los justos le respondieron: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer?”. Y el Rey respondió: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mishermanos, lo hicieron conmigo”. Este es un aspecto que cobra especial relevancia a partir de la crisis que estamos viviendo, ya que los datos son abrumadores. Según la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), 1.080.000 chicos pasaron hambre en el país en 2007. Y calculan que la cifra trepó a 1.200.000 este año.
En nuestro país viven 12 millones de niños y adolescentes. La encuesta revela que, en 2007, el 60,77% vivía en hogares vulnera - bles en términos  ocioeconómicos
(condiciones materiales insuficientes, carencia de un buen clima educativo ). El 53 % de los chicos (6.360.000) no accedió al derecho a una vivienda y un medio amo b u h , o c e h e D . o d a u c e d a e t n e i b2 .500.000 chicos hacinados, o sea, viviendo más de tres por pieza. Además, la mitad de los niños y adolescentes no contó el año pas-a do con los recursos necesarios y en forma para su desarrollo e integración social.
Las condiciones deficitarias de habitabilidad, las restricciones en el acceso a la alimentación y la ve-s timenta, más las dificultades en el acceso a la atención de la salud, configuraron contextos de vida empobrecidos, evidenciados en otros indicadores significativos al desarrollo humano de la infancia, como los estímulos emocionales e intelectuales en la socialización y formación”, declaró a la prensa Ianina Tuñón, coordinadora del Barómetro del Observatorio de la Deuda Social Argentina y la Fundación Arcor. Después nos sor - prendemos de la violencia de los menores de edad que delinquen. Sería importante no sólo mirar al niño de yeso de nuestros pesebres, sino también a los niños de carne y hueso que padecen tantas nece - sidades. Al fin y al cabo, no podemos adorar a uno y desentendernos del  otro.