Domingo 14.04.2024

Guerra Israel-Hamas

Neve Shalom, donde conviven pacíficamente judíos y musulmanes

También llamado Wahat al Salam, es una rareza en una región llena de odio e incomprensión. Es el único lugar donde ciudadanos israelíes de origen judío y palestinos viven juntos en una apuesta por la paz. Testimonios de que la coexistencia es posible.
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El pueblo israelí de Neve Shalom, llamado en árabe Wahat al Salam ('oasis de paz'), es una rareza en un país lleno de odio e incomprensión y sumido en una guerra: es el único donde ciudadanos israelíes de origen judío y palestino viven juntos en una apuesta por la paz.

"La misión de la comunidad es ser un ejemplo de convivencia entre palestinos y judíos, que viven en igualdad total y educan a los niños para acostumbrarlos a vivir juntos, a cooperar, a que cada uno es responsable del bienestar de su pueblo y del otro pueblo", cuenta a Efe Ariela Barry, responsable de las instituciones educativas de la localidad.

Unas ochenta familias, mitad palestinas, mitad judías, viven en casas unifamiliares rodeadas de una vegetación exuberante, en una comunidad fundada en 1976 que se expande por caminos, patios y jardines levantados en un terreno considerado internacionalmente como "tierra de nadie", pero que "de facto" está controlado por las autoridades israelíes desde la guerra de 1967.

Su fundador, Bruno Husar, fue un judío egipcio convertido al cristianismo, quien logró que el cercano monasterio de Latrun le vendiera unas tierras para empezar su proyecto.

"No tuvimos apoyo del Gobierno y (el pueblo) no estaba reconocido como un lugar oficial. No había agua ni electricidad, era un lugar muy chiquito y poco a poco vinieron las familias", dice Ariela, que llegó en 1980, cuando tenía 22 años.

Las construcciones emblemáticas de Neve Shalom
Además de la escuela, que supuso el primer colegio con educación bilingüe en árabe y hebreo de todo Israel y que también educa a niños de otras poblaciones en los valores de convivencia y cooperación, hay otros centros que hacen de esta pequeña población un rincón muy singular tanto en Israel como en la región.

Uno es el centro comunitario espiritual, una construcción semiesférica de hormigón en cuyo interior hasta el sonido de los pasos reverbera por todo sala.

"Creemos que la espiritualidad, las creencias y la fe son elementos muy importantes para, por ejemplo, promover la paz. Por eso, hemos creado el centro comunitario pluralista y el centro comunitario espiritual: un centro interreligioso", cuenta a Efe Samah Salame, palestina y codirectora de la oficina de comunicación. "No tenemos sinagoga, mezquita o iglesia y realmente me gusta porque la fe y la religión es una cuestión privada", añade.

Desde el centro espiritual pluralista, el pueblo ofrece un espacio donde "promover la igualdad y la justicia dentro y fuera de la comunidad, así como la conciencia plena o la meditación".

"Ahora llega el Ramadán, un mes donde los musulmanes ayunan y en las noches, cuando se rompe el ayuno, llega la gente y conversa sobre los textos y cuál es el lugar que ocupa el ayuno", explica Ariela, judía israelí de nacimiento, pero que vivió muchos años en México.

Por último, Wahat al Salam es también la sede del Colegio para la Paz, una iniciativa fundada en 1979 por Nava Sonnenschei -una de las cuatro primeras familias que se establecieron permanentemente-, que desarrolla dinámicas grupales entre palestinos e israelíes, también a nivel nacional, para promover el entendimiento y poder avanzar hacia la paz.

Una sociedad polarizada
"La mayoría de la gente en Israel está polarizada: o estás con nosotros o estás en contra. Pero en nuestros programas la gente aprende a expandir su identidad incluyendo a los otros, no excluyéndolos", explica Nava en el salón de su casa.

Nava comenta que la guerra de Gaza ha exacerbado los sentimientos y que también ha afectado a los vecinos del pueblo, porque tanto israelíes como palestinos han perdido familiares y amigos.

"Claro que la gente del pueblo se ha visto afectada, la gente ha perdido la esperanza", dice Nava, que cuenta que tras el estallido de la guerra hubo hasta dos reuniones semanales para que la gente expresara sus miedos y frustraciones y que, cuatro meses después, siguen teniendo al menos un encuentro mensual.

Samah, sentada junto a una cancha donde juega un grupo de colegiales, recuerda que la guerra sigue tan presente que, cuando un avión de guerra sobrevuela el pueblo, no duda en decir: "ahí va a bombardear Gaza".

"A veces es muy difícil tener una opinión y creer en unos valores a la contra, especialmente en estos días. Todo el mundo quiere combatir, la opinión pública en Israel realmente está deseosa de continuar con esta horrible y dolorosa guerra", sentencia Samah, que, sin embargo, sueña con que los casi 30.000 muertos palestinos y 1.200 israelíes vuelvan a poner sobre la mesa la agenda para lograr una paz definitiva.

Fuente: EFE