INICIATIVAS PASTORALES EN LA NUEVA ERA DIGITAL

Nuevas formas de vivenciar la fe en clase

Por: María Montero

Los colegios católicos porteños generan nuevos espacios de encuentro con títeres, juegos, cantos y bailes.
Comparte

Si algo quedó claro en esta pandemia es que la tecnología, tiempo atrás criticada, o al menos supeditada a algún aspecto de la vida, se convirtió en una aliada tanto a la hora de trabajar como de relacionarnos con los afectos. Pero también puso en valor la necesidad de los seres humanos en mantener los lazos sociales.

En estos meses, algunos ámbitos más que otros, se vieron afectados especialmente. Los colegios fueron uno de ellos, que rápidamente tuvieron que adaptar contenidos y formas a esta nueva modalidad. Y en el caso de las escuelas católicas se sumó el desafío de transmitir la experiencia de fe a sus alumnos, no como una catequesis formal sino, como propone el Papa, “un modo de relacionarse con Dios, con los otros y con el planeta”.

Según el padre Facundo Fernández Buils, licenciado en Comunicación Social, “ese estilo relacional tiene que ser al estilo de Jesús, que se hace prójimo y podemos empezar a vivirlo en este tiempo en los espacios digitales, pero después de la pandemia también debemos desplegarlo en nuestras comunidades y en la sociedad. Necesitamos como sociedad un modo más humano de relacionarnos –agrega-, sin buscar aprovecharnos del otro, sino buscando construir un mundo más justo y fraterno”.

Una aspiración que comparte con San Juan Pablo II cuando en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 1999 dijo: “No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino acercándose a los demás a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana”.

Con ese horizonte y superadas las primeras semanas de incertidumbre, fueron muchas las iniciativas pastorales que se adaptaron a las tecnologías. La licenciada Eva Rancaño, directora de nivel inicial y coordinadora catequística del colegio porteño San Ramón Nonato afirma: “Hubo que repensar qué debíamos anunciar y dar testimonio, de qué modo buscar puentes para la comunicación de la fe y los valores evangélicos; tuvimos que probar modalidades nuevas que con los más pequeños es aún más difícil porque su comunicación es muy gestual”. Para ello recurrieron a los títeres, que según Rancaño son siempre excelentes objetos mediadores, y también a juegos didácticos para reconocer ideas de fe, pero sobre todo trabajaron mucho con el cuerpo, cantando y bailando. Para que esa comunicación sea efectiva, el padre Facundo sostiene que es indispensable conocer el lenguaje de aquellos con los que se quiere compartir el Evangelio y señala -como Rancañoque no es lo mismo llegar a niños muy pequeños que a adolescentes.

Una amplia experiencia en estas diferentes edades tiene la catequista Mercedes Abásolo que trabaja en cinco colegios de la Capital: “Tuve que poner toda la creatividad al servicio y vencer los miedos tecnológicos para que mis nuevos interlocutores pudieran aprender, rezar y divertirse, los tres ejes en los que mantuve los encuentros”. Así descubrió para los más chiquitos juegos online que nunca hubiera advertido y se dejó enseñar por los más grandes sobre pantallas y sonidos. También conoció más profundamente a sus familias, sus temores y sus deseos.

“Empezamos con un momento de oración con guitarra y ellos, en voz alta o a través del chat, daban gracias por haber almorzado, por tener un techo, por el trabajo de sus padres, o pedían por la salud de sus mayores”, cuenta Mercedes. “Al estar mucho tiempo con la familia –agrega-, también pensé que sería una oportunidad para que se conozcan más a sí mismos a través de charlar con padres y abuelos sobre sus historias, adentrarse en sus ancestros”.

“Hoy todos estamos inmersos en esta cultura digital, pero sin renunciar a nuestro contenido, tenemos que buscar modos de expresar la Buena Noticia en el estilo y con el lenguaje de la comunicación actual”, dice el padre Facundo. Considera que la narración es una herramienta de comunicación que atrae a los jóvenes y que puede crear contenidos que los invite a ser protagonistas y los ilumine desde la fe.