Preocupados, los obispos se aprestan a presentar batalla

Por: Sergio Rubin

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Desde una perspectiva política es difícil de entender que el mismo día en que el Gobierno argentino recibió, si bien de modo indirecto, un espaldarazo del mismísimo Papa Francisco a su criterio de una renegociación de la deuda externa que priorice las necesidades de los más necesitados, el presidente Alberto Fernández haya insistido en París en que enviará al Congreso un proyecto para la legalización del aborto.

Más aun: que Fernández lo haya hecho cinco días después de su visita al Vaticano, la auspiciosa audiencia con el pontífice y el señalamiento que en la posterior reunión le hizo el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, sobre la importancia de “defender la vida desde la concepción”. Un señalamiento que inicialmente el presidente intentó ocultar o minimizar ante las consultas periodísticas.

No es que el mandatario no tenga derecho a presentar un proyecto en el Congreso si tiene buenas razones para hacerlo como cree que las tiene. Y a evidenciar que una cosa es la sociedad con su diversidad de opiniones y otra lo que piensa organizaciones como la Iglesia. Al fin de cuentas, serán las instituciones de la República –en este caso el Congreso- las que, en democracia, saldarán la controversia.

Pero en la Iglesia llama la atención la decisión de Fernández cuando la cuestión de la legalización del aborto está más que instalada en el parlamento y sus partidarios están atentos –y se mueven para conseguirlo- a que estén los votos suficientes para su aprobación, particularmente en el Senado donde el proyecto fue rechazo por siete votos en 2018 tras ser sancionado en Diputados.

Parece claro que el Papa –que tiene una firme posición contraria al aborto- decidió colocarse por encima de la controversia, acaso para priorizar la cuestión social en su país. Lo cual no quiere decir indiferencia. Optó por que la posición la puntualizara Parolin, su segundo. Además, de que respalda en un todo a la Iglesia argentina, que está muy lejos de bajar los brazos.

Por si alguien tiene alguna duda, este mismo miércoles la cúpula de la Conferencia Episcopal convocó a una misa en la basílica de Luján para el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, que tendrá como lema “Sí a la mujer, sí a la vida”. O sea, para volver a la expresar en el máximo santuario católico del país –como ya lo hizo en 2018- su oposición al aborto.

En definitiva, 2020 -dicen que Fernández presentará el proyecto el primero de marzo, en la inauguración del período ordinario de sesiones- volverá a ser un año donde los debates apasionados y las marchas a favor y en contra resurjan.

Con todo, Fernández dice que no quiere que la cuestión se ciña a un choque verbal entre verdes y celestes. Por eso, incluyó en su proyecto la asistencia a la mujer vulnerable que quiere tener su hijo.

Quizá se inspire en una premisa de Francisco que el pontífice parece que abrazó en la reunión con Fernández: “La unidad es superior al conflicto”.