Francisco regresó este martes a Roma

Reconciliación, pobreza y ambiente: los mensajes del Papa en África

El pontífice destacó la importancia del perdón en Mozambique, que sufrió 17 años de guerra civil, y de crecer en la conciencia ecológica; de que posible superar las carencias en Madagascar, y de imitar la convivencia interreligiosa de Islas Mauricio.
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Sergio Rubin

Las naciones del opulento primer mundo siguen postergadas en la agendas de viajes del Papa Francisco. Ni qué hablar de los países más prósperos de la Europa cada vez menos religiosa. Jorge Bergoglio continúa priorizando a los pueblos más pobres. La razón: “Porque los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio”, dijo recientemente.

Por eso, en los últimos días puso proa hacia tres países de África meridional: Mozambique, Madagascar e Islas Mauricio. Las necesidades golpean fuerte en esas naciones, entre las más pobres del mundo como consecuencia de la explotación, la corrupción y las luchas fratricidas que imposibilitaron la concreción de programas de desarrollo.

Son también, como en el caso de Mozambique, naciones que sufrieron hasta hace poco tremendos enfrentamientos. Los mozambiqueños están dejando atrás 17 años de una guerra civil que dejó el saldo de un millón de muertos y cuatro millones de desplazados gracias a unos acuerdos que el papa quiso respaldar.

Además, son países que sufren intensamente también el cambio climático, que potenció a comienzos de este año dos ciclones en Madagascar con consecuencias devastadoras, además de lluvias torrenciales e inundaciones con la proliferación de todo tipo de epidemias que dejan un tendal de muertos.

Así, el Papa quiso dejar en estos días a su paso un mensaje de que es posible salir de la pobreza, que “ser pobre no es una fatalidad”, pero que requiere el compromiso de todos, comenzando por los que tienen poder y más posibilidades, y también del esfuerzo de los más necesitados.

La visita de Francisco a la obra que realiza otro argentino, el padre Pedro Opeka en las afueras de la capital de Madagascar, fue precisamente un reconocimiento a la presencia de la Iglesia entre los pobres y a su papel de promotora del empeño de la propia gente para salir adelante.

Hijo de un albañil, Opeka logró en las últimas décadas sacar a miles de chicos de los basureros, donde comían de las sobras y levantar una ciudad entera con 4.000 casas, escuelas, dispensarios y clubes. Y todo con el trabajo esmerado de los propios beneficiarios.

Pero también dejó su prédica en favor del perdón en Mozambique. Ante una multitud que gritaba “¡reconciliación… reconciliación… reconciliación!”, advirtió que “un país no tiene su futuro si a sus habitantes los une el odio y la venganza” y que “la Ley de Talión no es cristiana”.

Además, advirtió sobre la explotación indiscriminada de los recursos naturales y particularmente sobre la deforestación con su tremendo impacto en el medio ambiente y la importancia de que la sociedad crezca en la conciencia ecológica para que no se hipoteque el futuro.

Finalmente, en Islas Mauricio –el país más próspero- alertó sobre la necesidad de que el crecimiento económico no se desvirtúe y, a la vez, destacó la convivencia religiosa entre hindúes,  cristianos y musulmanes, en contraste con la turbulenta realidad de otros países africanos.   

Curiosamente, la presencia del Papa en África – la segunda de su pontificado – implica además un estimulo a la presencia católica en el continente que se encamina a albergar a gran parte de la comunidad cristiana. De hecho, es el lugar donde más crece el número de católicos.

Esta realidad contrasta con Europa - otrora faro de irradiación al mundo del cristianismo -, donde la disminución de la cantidad de fieles es muy pronunciada, donde el progreso económico y un cambio cultural profundo llevan a prescindir de Dios.

Así las cosas, Francisco definió un criterio para elegir sus viajes: estar cerca de los más necesitados, que tienen hambre y sed no solo material, sino también espiritual.

Fuente: TN y VR