Domingo 14.07.2024

Pese a la guerra y las advertencias

Rosh Hashaná en Ucrania: júbilo y oración en el "Woodstock judío"

Al menos 32.000 judíos ortodoxos llegaron a la ciudad ucrania de Uman, para celebrar el Año Nuevo junto a la tumba del rabino Nachman. Música electrónica y rezos en voz alta leyendo la Torá en una fiesta que es considera "una experiencia transformadora".
Comparte

La tradicional peregrinación a la ciudad ucraniana de Uman con motivo del Año Nuevo judío, la festividad de Rosh Hashaná que los judíos celebran este fin de semana, ha vuelto a ser un éxito apabullante pese a la guerra en Ucrania.

Al menos 32.000 judíos religiosos sobre todo de Israel, pero también de otros países como Estados Unidos, Canadá, Francia, el Reino Unido, festejan la llegada del Año Nuevo en Uman junto a la tumba de uno de los rabinos ultraortodoxos ucranianos más populares, Najman de Breslov, también conocido por su lugar de sepultura como Najman de Uman.

"El rabino prometió que ayudaría a todos los que vinieran a Uman por Rosh Hashaná, y puedo decir que cumple con sus promesas", dice a EFE Itai, un electricista de 32 años de ascendencia yemení y natural de Netania.

Es su séptima peregrinación a Uman. Después de la primera su esposa se quedó embarazada tras muchos intentos infructuosos e Itai no tiene dudas de que si consiguieron tener un hijo fue por la intercesión ante Dios del rabino.

Nacido en 1772 en la localidad de Medzhybizh a unos 250 kilómetros de Uman, Najman fue enterrado en esta última localidad ucraniana cerca de las fosas comunes de las víctimas de uno de los múltiples pogromos perpetrados por los cosacos en estas tierras.

A esta trágica realidad histórica apeló el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en su último intento para convencer a los seguidores del rabino Najman de que renunciaran este año al peregrinaje ante la posibilidad de que Uman vuelva a ser bombardeada por Rusia, como ya ocurrió el pasado 28 de abril con un ataque que mató a 23 civiles.

"Dios no siempre nos ha protegido en suelo europeo y en suelo ucraniano", dijo Netanyahu. Sus palabras provocaron revuelo entre sus socios más religiosos, que interpretaron que le estaba haciendo un reproche a Dios, y no tuvieron efecto entre quienes tenían pensado venir a Uman.

La web del Instituto Breslov, una de las organizaciones privadas implicadas en la organización del evento, explica una de las razones: si "decenas de miles de judíos" de esta parte de Europa "eligieron sacrificar sus vidas antes que someterse a la cruz" también los peregrinos de hoy pueden tomar riesgos y hacer miles de kilómetros para llegar a Uman.

Éxtasis religiosos junto al sepulcro
El jueves por la tarde, en la víspera de la fiesta, el tecno con letras simples y repetitivas que exaltan a 'Najman meUman', Najman de Uman en hebreo, atronan en las inmediaciones de la tumba del rabino.

Centenares de hombres de todas las edades bailan eufóricos al ritmo de la música como lo harían antes de la hora del cierre en cualquier discoteca o en una rave, siguiendo el precepto del rabino Najman de celebrar a Dios con el baile y la música.

Este tipo de religiosidad alegre y expansiva es el rasgo más característico del movimiento Breslov que inspiró Najman, y también del Rosh HaShaná de Uman, lo que ha llevado a que algunos se hayan referido a él como al 'Woodstock judío', en referencia al célebre festival donde tantos jóvenes encontraron inspiración.

Al igual que Woodstock, el Rosh Hashaná de Uman es una experiencia transformadora para quienes la viven. "Para mí es inconcebible no venir porque es algo único, en ningún otro sitio se siente así la unidad de los judíos, nuestra comunión espiritual", dice a EFE un peregrino de Israel.

El corazón del peregrinaje es la tumba del rabino. El viernes al mediodía la multitud entra al mausoleo que la acoge para rezar brevemente ante el sepulcro. Dos ríos humanos interminables suben y bajan por la calle empinada que lleva a la tumba.

Subidos a las vallas y a los muros, quienes optan por quedarse fuera rezan en voz alta leyendo de sus Torás. Sus voces, y la que los guía amplificada por los bafles, retumban entre las paredes de la estrecha callejuela.

Al caer la tarde del viernes, con la entrada del Shabat y el comienzo propiamente dicho de Rosh HaShaná, los alrededores del sepulcro se llenan de gente rezando que canta, baila en círculo o simplemente recita moviendo hacia adelante y hacia atrás la cabeza con una cadencia cíclica.

Si antes dominaba el negro, el blanco es ahora el color preferido de los peregrinos, pues representa la pureza de los nuevos comienzos a los que invita cada Rosh Hashaná.

Fuente: EFE