Portada del suplemento Valores Religiosos

San Martín: El libertador de América, ¿era católico o masón?

En contraposición con la creencia de que integraba la masonería, documentos recopilados por el historiador Roberto Colimodio prueban su religiosidad cristiana. Además, rechaza que la Iglesia se opusiera a que sus restos reposaran en la catedral porteña.
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Roberto Colimodio
Historiador*

 
La figura del General Don José de San Martín en el colectivo imaginario tiene numerosos “misterios” para desentrañar o aclarar. Su rica historia está teñida de versiones bien y mal intencionadas que no se condicen con los hechos veraces y documentados. Uno de esos “misterios” corresponde a su fe.

Era San Martín un católico practicante? ¿Era masón? Brevemente, y respecto a su supuesta pertenencia a la masonería diré que no hay documento o testimonio alguno que así lo demuestre. Ni siquiera, dos famosos masones como Mitre y Sarmiento lo reconocen como par, como tampoco reconocen a la Logia Lautaro, de la cual San Martín fue fundador en América, como masónica.

Pero respondamos sobre su fe, sus ideas y prácticas religiosas, apreciadas en su correspondencia privada, sus disposiciones gubernamentales y reglamentaciones internas de sus ejércitos.

Prácticas religiosas y militares

En el motín de Cádiz de 1808, siendo edecán del linchado general Solano, buscó asilo en una ermita de la Virgen. La turba, enfurecida, perdonó su vida, al ampararse en la Madre de Dios.

En el Regimiento de Granaderos a Caballo creado en 1812 por San Martín, dictó los reglamentos internos y estuvo en los detalles de su organización, incluyendo diaria y semanalmente las prácticas del buen cristiano: “Rezo de oraciones por la mañana luego de tocar diana y el Rosario todas las noches. Domingos y días festivos Santo Oficio de la misa por el capellán del Regimiento en la Parroquia del Socorro”.

En Mendoza, en el Ejército de los Andes, se oficiaba la misa en el campamento con un altar portátil que el propio San Martín solicitó a Buenos Aires en 1815. Frente al altar, el General y su Estado Mayor asistían al oficio y a la plática del Capellán Güiraldes.

“Todas estas prácticas religiosas se han observado siempre en el regimiento, aún mismo en campaña. Cuando no había una iglesia o casa adecuada, se improvisaba un altar en el campo, colocándolo en alto para que todos pudiesen ver al oficiante”. – Memorias del Cnel. Carlos A. Pueyrredón.

En carta que Belgrano le envió a Tucumán le aconsejaba: “La guerra no debe usted hacerla solo con las armas, sino afianzándose siempre, en las virtudes naturales cristianas y religiosas en la fe católica que profesamos, implorando a Nuestra Señora de la Merced nombrándola generala”.

Su devoción por la Virgen

Pocos días antes de iniciar el cruce de los Andes proclamó a la Virgen del Carmen patrona del ejército; ceremonia que describieron Gerónimo Espejo y Damián Hudson. A las 10 junto a la iglesia de San Francisco se formó la procesión. Marchaban “San Martín, de gran uniforme, con su brillante Estado Mayor y lo más granado de la sociedad mendocina. Hubo misa solemne, panegírico y tedeum. Al asomar la bandera junto con la Virgen, el general San Martín le puso su bastón de mando en la mano derecha”.

Ratificó su devoción el 12 de agosto de 1818. “La decidida protección que ha presentado al ejército su patrona y generala, nuestra Madre y Señora del Carmen, son demasiado visibles. Un cristiano reconocimiento me estimula a presentar a dicha Señora el adjunto bastón como propiedad suya, y como distintivo del mando supremo que tiene sobre dicho ejército”.

Acciones de gobierno

En Perú también demostró su catolicismo con disposiciones acordes, por ejemplo el primer artículo del Estatuto del 8 de octubre de 1821 que regulaba los actos de su propio gobierno:

“La religión católica, apostólica, romana es la religión del Estado. El gobierno reconoce como uno de sus primeros deberes el mantenerla y conservarla por todos los medios que estén al alcance de la prudencia humana. Cualquiera que ataque en público o en privado sus dogmas y principios, será castigado con severidad a proporción del escándalo que hubiere dado”.

Después de la entrevista de Guayaquil se despidió de Perú con actos que llevan el sello de sentida religiosidad. El 22 de agosto de 1822, ordenó grandes vísperas en honor de Santa Rosa y el 30 solemne misa y procesión. San Martín publicó un decreto para la instalación del Congreso y las funciones religiosas, sobre la protestación de la fe y juramento que debían prestar sus integrantes: “¿Juráis conservar la santa religión católica, apostólica, romana como propia del Estado y conservar en su integridad el Perú?”

Vida personal

Las ideas católicas de los padres del Libertador, ambos terciarios dominicos y cófrades de Nuestra Señora de la Blanca, hablan de tradición familiar auténticamente cristiana.

Conoció a su futura esposa durante una misa de Gloria, en el templo San Miguel Arcángel. Contrajo matrimonio con Remedios de Escalada, con misa de esponsales, recibiendo la bendición y comunión como verdadero cristiano. “No era muy común entonces el comulgar en días de bodas”, dice el historiador Guillermo Furlong; pero San Martín, como buen católico, oye misa, confiesa y comulga al construir su cristiano hogar”.

Correspondencia privada

Conservó durante muchos años un rosario de madera del monte de los Olivos, obsequiado por una hermana de caridad que cuidó de él después de Bailén, en 1808. Dicho rosario, hoy en el Museo de Granaderos, fue donado por la familia de Manuel de Olazábal a quien San Martín se lo regaló en 1820 “para que le trajera suerte y se recuperara de sus heridas. Lo usó siempre y se lo vi suspendido del cuello debajo de la casaca a manera de escapulario”.

“¡Gran Dios! Echad una mirada de misericordia sobre las Provincias Unidas. Sí amigo mío, toda la protección del Ser Supremo se necesita para que ellas no se arrepientan de tal elección. Él lo dirá”. A Tomás Guido, Bruselas, 6 de enero de 1827.

A Dominga Buchardo de Balcarce, su futura consuegra: París, 15 de diciembre de1831. “Dios ha escuchado mis votos, no solo encontrando reunidas estas cualidades en su virtuoso hijo, don Mariano, sino también coincidir el serlo de un amigo y compañero de armas”.

A Tomás Guido el 15 de abril de 1843: “Quiera Dios oír mis votos, en su favor, ellos serán siempre porque terminen nuestras disensiones y renazcan los días de Paz y unión de que tanto necesita nuestra patria para su felicidad”.

“En el nombre de Dios Todo Poderoso a quien reconozco como hacedor del Universo”: testamento del 23 de enero de 1844.

Su muerte

San Martín falleció con un crucifijo en el pecho, no recibió los últimos sacramentos por su muerte repentina. Su responso se rezó en la iglesia de San Nicolás y sus restos embalsamados fueron depositados por 11 años en la cripta subterránea de la catedral de Boulogne, no en algún templo o cementerio masónico. Desde 1880 descansa en la catedral de Buenos Aires. 
 
El mausoleo en la catedral

En el largo viaje de 30 años que demoró la repatriación de los restos de San Martín por diversos motivos políticos y personales que afectaron a la familia, recién en 1876 y a propuesta de José Prudencio Guerrico se presentó al arzobispo León Federico Aneiros una solicitud:

“La Comisión encargada por la municipalidad de la traslación de los restos del General D. José de San Martín, solicita de S.S. Ilustrísima y del Honorable Cabildo Metropolitano, la antigua Capilla Baptisterio de nuestra Catedral, para dar en ella digno lugar de descanso…”. Justificaba su pedido con antecedentes de grandes hombres sepultados en catedrales europeas.

Mucho se ha hablado y escrito sobre las condiciones impuestas por la Iglesia para aceptarlo. Sin embargo, los primitivos documentos consultados junto al colega Martín F. Blanco no dan señales de disconformidad alguna, resolviendo el acuerdo en sólo 15 minutos como consta en el acta:

“En 17 de Abril de 1876, reunidos en su Sala de Acuerdos, en Cabildo extraordinario, los cuatro señores dignidades y los cuatro señores canónigos, al margen inscriptos, bajo la presidencia del primero, el Secretario hizo lectura de una Nota del Ilustríisimo y Reverendísimo Señor Arzobispo acompañando las de la Comisión de la Municipalidad encargada de la traslación de los restos del General Argentino Don José de San Martín, en la que se pedía al Honorable Cabildo la Capilla de esta Iglesia que anteriormente sirvió de bautisterio y que estaba vacía, para en el frente oeste de ella levantar un altar a Santa Rosa de Lima y en el frente Sud un sarcófago que contuviera las cenizas de ilustre guerrero de la Independencia; y acabada su lectura, el Cabildo acordó unánimemente cuanto se pedía en la precitada Nota, dando cuenta en otra al Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Arzobispo de este en Acuerdo, con lo que se levantó el Acuerdo a las diez y un cuarto de la mañana habiendo empezado a las diez”.

El mismo día el Dean Dr. Ángel Brid, informaba al Arzobispo:

“Que reunido el cabildo que presido en acuerdo extraordinario, se ha expresado unánimemente conforme con el proyecto de dicha comisión, mirando como una de las preeminencias y de las glorias de la iglesia metropolitana ser la depositaría de los restos de tan ilustre varón”.

Una vez más, la luz de los documentos recorta las alas de la fantasía. Como se ve, aceptación plena y sin condiciones, como también lo fue con la permuta de la Capilla Baptisterio por la de Nuestra  Señora de la Paz solicitada por la municipalidad en 1877.


* Miembro de la Academia Argentina de la Historia y de la Academia Sanmartiniana