Malestar en la Iglesia y ONGs provida

Seis diputadas verdes corearon "hay que quemar la catedral"

Fue desde una tarima en la manifestación de la semana pasada frente al Congreso por el Día de Acción por el Derecho al Aborto. Entre ellas había una del PRO, otra del PJ y dos de la UCR. Sorprendió que no sean activistas, sino legisladoras nacionales.
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Sergio Rubin

Todavía no comenzó el nuevo debate sobre la legalización del aborto en el Congreso. Ni siquiera el presidente Alberto Fernández envió el proyecto que viene anunciando y que concretaría el domingo próximo, al inaugurar el período legislativo de sesiones ordinarias. Pero la cuestión ya está levantando temperatura entre verdes y celestes, lo que anticipa choques fuertes, pese al deseo del primer mandatario de que “no se convierte en un Boca – River”.

En la última semana una convocatoria al Congreso con motivo del Día de Acción Verde por el Derecho al Aborto tuvo una derivación que causó un profundo malestar en la Iglesia y las ONG llamadas “pro vida”. Seis diputadas nacionales (una del PRO, otra del PJ, otra de Nuevo Encuentro, otra de Evolución y dos de la UCR) se subieron a una tarima y comenzaron a corear que si no se aprueba el proyecto iban a “salir a quemar la catedral”.

Más allá, obviamente, de que nadie tomó eso de manera literal, lo cierto es que sorprendió entre el clero y, en general, en quienes se oponen al proyecto, que no fueran las feministas más duras, que suelen agredir a la Iglesia, sino legisladoras nacionales, las que adoptaron esa actitud. Máxime porque, precisamente, deberán participar del debate parlamentario en el que deberán definirse delicadas cuestiones de contenido del proyecto.

En efecto: la iniciativa legal deberá definir muchas cosas, comenzando por el límite de tiempo para la interrumpir voluntariamente el embarazo (el ministro de Salud, Ginés González García ya dijo que en el caso de la violación no debe haber tal límite) y siguiendo por el alcance de la objeción de conciencia de médicos y personal sanitario (la posibilidad de negarse si está contra sus convicciones morales o religiosas).

Para la Iglesia no solo debe haber un debate racional - cosa que parece difícil ante tanto apasionamiento entre verdes y celestes -, sino que espera que el Poder Ejecutivo no presione a los legisladores como dicen que ocurrió con el proyecto de matrimonio igualitario y el anterior de legalización del aborto, pese a que Mauricio Macri, al habilitar el debate parlamentario, se había declarado prescindente.

A los obispos también les caýó mal que en los balcones de la sede del INADI aparecieran pañuelos verdes. “Un instituto que lucha contra la discriminación no puede aparecer optando por una parte y discriminando a la otra en un tema tan controvertido”, decían. Lo cierto es que acaso para no tensar la cuerda los emblemas del proyecto fueron retirados.

No puede negarse que todas esas actitudes terminan potenciando a los sectores celestes más fanatizados, cayéndose en una espiral ciertamente nada constructiva. Es cierto que la Conferencia Episcopal -que agrupa a los 100 obispos del país – trata de no responder agravios, pero no puede contener a todo el sector celeste y todas sus ONG “pro vida”.

Por lo demás, en el Gobierno destacan que el proyecto de legalización del aborto tendrá como complemento otro de asistencia a la mujer vulnerable que quiere seguir adelante con su embarazo. Además de que se habla de facilitar la adopción. En la Iglesia dicen que son iniciativas “muy buenas, pero que no minimizan la gravedad del aborto”.

Lo que parece claro es que se está en las vísperas de un debate tan o más fuerte que el anterior, cuando el proyecto fue rechazado por siete votos en el Senado. Y pese al deseo de Fernández de no querer que se profundicen las grietas en el país. Igual, no hay que renunciar a la cordura.


Fuente: TN / VR