JUDAISMO - AUTOR: NORMA GOLDMAN

Shoá, no Holocausto

Comparte

Seis millones de judíos fueron masacrados por los nazis durante la segunda guerra mundial. De esa cifra, un millón y medio eran niños. Posiblemente su gran mayoría hoy serían abuelos y abuelas entre 70 y 80 años. Esta historia que a veces se siente como de ciencia ficción ocurrió hace apenas un poco más de 60 años.
A lo acontecido el mundo lo llamó “holocausto”. Pero ello es una traducción falsa y errada. La palabra “holocausto” remite a un acto bíblico cuya esencia está vinculada a la ofrenda total que se hacía de un animal y que Dios lo aceptaba con agradabilidad.
El error al que conduce la palabra termina tergiversando la idea  Teológica e histórica, ya que no fue ofrenda sino pura tragedia, asesinato y horror.
Por lo tanto el uso de la palabra “Holocausto” amortigua lo acontecido y lo expresa como un deseo divino, razón por lo cual define el suceso histórico como un evento metafísico, y hace que el mensaje sea superficial y por lo tanto peligroso. Los teólogos judíos, en su mayoría, remiten este acontecihomenaje
a las victimas. miento a la responsabilidad humana y le otorgan mayor preeminencia que a la intervención divina. 
En este acto se pone en juego el compromiso del hombre y su liderazgo y no el deseo de Dios. Sería correcto utilizar la palabra “Shoá”, “catástrofe”, término usado por el profeta Isaias como vocablo irrepetible e imposible para definir la calamidad única, es decir la categoría que los filósofos llamaron de “mal absoluto”.
Utilizar “Shoá” en vez de “holocausto” remite a comprender la brutal desgracia de centenares de miles de familias judías que no pudieron desarrollar lazos deamor, de estudio, de ilusiones, de alegrías, de amistad, bajo la responsabilidad del hombre. Puedan sus memorias ser motivo de inspiración para comprometernos, sabiendo que nada de la vida humana nos debe resultar ajeno. 
De este modo, las palabras del escritor Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz en el año 1986, y quien fuera sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald adquieren una dimensión diferente: “ Puede haber veces en que seamos incapaces de impedir la injusticia, pero nunca debe haber una vez en la que dejemos de protestar”.