EL ARGENTINO QUE LLEGO A PONTIFICE

“Sopla un viento nuevo que abre la esperanza”

Lo dice monseñor Claudio Celli, presidente de la Comisión para las Comunicaciones Sociales del Vaticano. Asegura que las características del Papa Francisco llegaron al corazón de la gente.
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Me alegra y conmueve  que el nuevo Papa sea latinoamericano, porque hace soplar un viento nuevo del Espíritu que nos abre a la esperanza”, dice el presidente de la Comisión para las Comunicaciones Sociales del Vaticano, monseñor Claudio Celli, al referirse a al la elección del cardenal Jorge Bergoglio como nuevo Pontífice. En diálogo con Valores Religiosos, señala que los gestos y las características personales de Bergoglio llegaron al corazón de la gente, que anhela una transformación en la Iglesia.
En ese sentido, afirma que esta sólo puede cambiar a partir de la conversión “desde adentro, recuperando los grandes valores espirituales”.
-¿Cómo interpreta la reacción de la gente frente a Francisco?
-Es muy positiva. La gente está muy conmovida. Hay un clima de alegría y de oración. Yo considero que en las grandes perspectivas de la Iglesia universal esto va a ayudar. No cabe duda. Por cierto que el carisma de Pedro es este ministerio de la confirmación de la fe de los hermanos, y el de mantener la comunión de amor adentro de la Iglesia. Pero cada Papa ofrece las características típicas de su ser, de su persona. Un Papa no es copia del otro o de su predecesor.
-¿La imagen del Papa Francisco puede revitalizar la Iglesia?
-Yo creo que en este momento en que la Iglesia enfrenta un diálogo con el mundo de hoy, es muy importante que el nuevo Papa haya elegido por nombre Francisco, que tenga esta imagen, este punto de referencia. Recordemos que la experiencia de San Francisco de Así nal con el Cristo crucificado. Además es el hombre que acompaña al Cristo Señor en una dimensión de pobreza y de sencillez. Y en otra, es el enviado por Cristo a renovar la Iglesia.
-Los católicos están esperanzados con un cambio.
¿De qué manera podrá concretarse?
-La Iglesia siempre tiene que convertirse, pero no se puede hacerlo desde afuera, atacándola y criticándola. Esta conversión se hace desde adentro, recuperando los grandes valores espirituales, de una pertenencia a Jesucristo. Diría que es la capacidad de acompañar a Jesús, siguiéndole. Asumiendo con  esponsabilidad esta vida con El. Y esto abre el corazón de los hombres a una esperanza.
 -El Papa habla mucho de salir al encuentro de la gente.
-Yo creo que hoy es uno de los puntos más fuertes de la Iglesia. Tendríamos que hacernos esta pregunta: ¿quiero una Iglesia encerrada en sí misma, sólo preocupada en defender la doctrina, o una Iglesia que en la fidelidad al mensaje de Jesús, se pone en un diálogo abierto, sereno con el mundo de hoy? La Iglesia debe ser cercana, acogedora, que no condene ni juzgue, sino que comprenda. No es fácil vivir hoy día y no solamente por los problemas económicos. Por eso me parece que en estos momentos se necesita una Iglesia que exprese simpatía para con el hombre. Y si se me permite, que en ciertos momentos lo sepa consolar. Necesitamos realmente de mucha consolación.
-¿Cuál es el mayor desafío de la Iglesia a partir de ahora?
-Antes se hablaba de la comunicación. Hoy tenemos en nuestras manos instrumentos muy sofisticados para comunicar, pero al mismo tiempo, nunca como hoy, el hombre ha experimentado tanta soledad. Es raro. Yo creo que hay que redescubrir qué significa para nosotros haber acogido y aceptado en nuestra vida a un Cristo Señor que cada día me alienta y me dice: “no tengas miedo, yo estoy contigo”. La presencia de un Cristo Señor que es mi roca, que es mi paz, mi alegría. Es interesante cuando se releen algunas páginas del Evangelio. Jesús les dice a sus discípulos “les digo estas cosas para que mi alegría esté en su corazón. Les doy mi paz”. No la paz del mundo: mi paz. Yo creo que esta es la gran tarea de la Iglesia. Anunciar a un Cristo Señor que ama al hombre, y lo ama tiernamente. Tal vez este sea el gran desafío que tenemos por delante.