EN LA FRONTERA Y CON MAYORÍA LATINA

Tras la masacre en El Paso, muchos se refugian en la fe

La matanza de 22 personas evidenció la religiosidad popular en esta ciudad fundada por misioneros católicos. En el lugar del tiroteo, cientos visitan el altar con la imagen de la Virgen e incontables rosarios. "No pueden quitarnos la fe", dijo una mujer.
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La creciente ofrenda para las víctimas de la masacre en El Paso refleja las profundas raíces católicas de la ciudad: una pintura de la Virgen de Guadalupe yace entre osos de peluche y velas. Las cruces blancas están adornadas con incontables rosarios.

Fundada por misioneros católicos, la ciudad mayoritariamente hispana tiene 75 templos católicos, incluidas muchas que son pilares de sus comunidades. Las kermeses para recaudar fondos son eventos muy apreciados que atraen a cientos de personas con su comida casera, música y juegos. En este momento de adversidad, muchas personas de El Paso se vuelcan en las tradiciones religiosas para encontrar consuelo y fuerza.

Durante una misa matutina el miércoles en la iglesia de San Marcos, Margarita Segura, de 57 años, dijo que la homilía sobre la perseverancia en la fe personal resonó en su interior.

“A eso recurro ahora”, dijo Segura, y explicó que la comunidad y el país no pueden dejar que el tiroteo “nos quite nuestra fe”.

Cientos de personas visitan el altar justo al norte del Walmart en donde un hombre armado se puso a disparar el sábado, matando a 22 personas e hiriendo a aproximadamente una docena más. Al parecer el agresor de raza blanca tenía en la mira a los hispanos, y entre los muertos hay ocho mexicanos.

Los visitantes dejan flores, globos, osos de peluche y artículos religiosos. En ocasiones se forman amplios círculos de oración. Otros hacen guardia y rezan el rosario.

María Tovar estaba sola mientras rezaba el rosario en silencio en honor de las víctimas. Dijo que todos los días suceden muchas cosas, y la oración es una forma en la que ella encuentra paz.

Los misioneros que fundaron El Paso mezclaron sus tradiciones con aquellas de los indígenas, dijo el padre Arturo J. Bañuelas, quien ha vivido en la ciudad toda su vida y está a cargo de San Marcos. Eso “creó una nueva expresión vibrante de fe, donde la fe ya no está asociada sólo con una institución, sino con una forma de vivir que influenció la forma de vida y los valores de la gente”.

La visita del papa Francisco hace tres años a la vecina Ciudad Juárez, en México, atrajo a decenas de miles de residentes de El Paso que cruzaron la frontera para verlo. Quienes no lograron ir hicieron fila durante horas hasta llenar un estadio universitario en El Paso, en donde se transmitió en vivo el mensaje del pontífice. Vitorearon cuando su rostro apareció en las pantallas gigantes.

Así que, aunque las familias de El Paso podrían no necesariamente ser activas en la Iglesia o ni siquiera considerarse católicas, participan en tradiciones como fiestas de quince años, bautismos y bodas.

El papel de la religión en la vida estadounidense se ha reducido en la última década. Aunque aproximadamente 77% de los estadounidenses se identifican con alguna forma de religiosidad, el porcentaje de quienes consideran que la religión es importante ha disminuido de manera significativa, según una investigación realizada por el Centro de Investigación Pew en 2014, los datos más recientes disponibles.

Pew halló que 53% de la gente encuestada pensaba que la religión era importante en sus vidas, en comparación con 56% hace siete años.

Bañuelas se enfrenta a ese desafío todos los días. Dice que es difícil atraer a jóvenes que están insatisfechos con la religión organizada, pero también ve que muchos jóvenes buscan un significado en sus vidas y recurren a la Iglesia para encontrarlo.

“Eso lo veo mucho. Hay un hambre más profunda entre los jóvenes”, dice.

Para Heather Leos, de 43 años, la religión católica es una parte importante de su vida diaria. Leos caminó con sus hijas y se persignó frente a cada una de las cruces de las víctimas en la ofrenda. De pie sobre el asfalto bajo un sol abrasador, dijo que oraba no sólo por las víctimas, sino por la familia del agresor. Deseaba haberle podido mostrar al joven amor y hospitalidad.

Isela Muñoz, una madre de cuatro hijos de 50 años, es cristiana pero no participa en ninguna Iglesia en particular. En la ofrenda se unió a un círculo de oración espontáneo con sus dos hijas, inclinando su cabeza sobre los hombros de ellas.

“Sólo creo que ahora es el momento para que conozcamos al Señor, conozcamos su palabra, nos acerquemos a las personas que nunca han escuchado de su misericordia y gracia”, afirmó.

Fuente: AP