Miércoles 24.02.2021

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Un año para revalorizar a San José

Por: P. Guillermo Marcó

Francisco dedica 2021 al esposo de María. La abuela paterna le inculcó a Jorge Bergoglio la devoción por el santo. En la convocatoria, el pontífice destaca su discreción y sometimiento a la voluntad de Dios.
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Nuestros abuelos, a la hora de trasmitir la fe, ponían en nuestros corazones de niños una impronta que dejaría huella. ¿Acaso imaginaba la abuela Rosa, cuando imprimía en el corazón de su nieto Jorge Mario Bergoglio la devoción por San José, que él propondría como Papa para este 2021 un año dedicado a su querido santo? Porque desde niño su abuela lo llevaba a la parroquia de San José del barrio porteño de Flores y le insistía para que se encomendara a él.

Fue en el confesionario de aquella parroquia donde Dios le inspiró la vocacion. La abuela Rosa tenía una librería en la calle Albarellos llamada San José y hacía que su nieto rece a este santo todos los días. Cada vez que Jorge Bergoglio le escribía a alguien en Buenos Aires ponía en el sobre dos estampas: la de la Virgen desatanudos y la de San José. Asumió su pontificado el 19 de Marzo, día de su fiesta. En su habitación en Santa Marta tiene una imagen de el santo, debajo de la cual coloca papeles con intenciones que le confían.

En la exhortación apostólica “Patris Cordis” que elaboró para esta ocasión. Francisco afirma que “después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el magisterio pontificio como José, su esposo. Mis predecesores –señala- han profundizado en el mensaje contenido en los pocos datos transmitidos por los Evangelios para destacar su papel central en la historia de la salvación: el beato Pío IX lo declaró ´Patrono de la Iglesia Católica’, el venerable Pío XII lo presentó como Patrono de los trabajadores´’ y san Juan Pablo II como ´Custodio del Redentor’. El pueblo lo invoca como ‘Patrono de la buena muerte’.

Francisco subraya que “por su papel en la historia de la salvación, san José es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano, como lo demuestra el hecho de que se le han dedicado numerosas iglesias en todo el mundo; que muchos institutos religiosos, hermandades y grupos eclesiales se inspiran en su espiritualidad y llevan su nombre; y que desde hace siglos se celebran en su honor diversas representaciones sagradas. Muchos santos y santas le tuvieron una gran devoción”.

Francisco, recordando aquello de que “la boca hable de aquello de lo que está lleno el corazón” (cf. Mt 12,34), expone “algunas reflexiones personales sobre esta figura extraordinaria, tan cercana a nuestra condición humana. Este deseo ha crecido durante estos meses de pandemia, en los que podemos experimentar, en medio de la crisis que nos está golpeando, que ‘nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia”.

En ese sentido, señala más adelante que “todos pueden encontrar en san José -el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta- un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en ‘segunda línea’ tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos va dirigida una palabra de reconocimiento y de gratitud”.

“También -completa- a través de la angustia de José (por el embarazo incomprensible de María) pasa la voluntad de Dios, su historia, su proyecto. Así, José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia”.