ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Un camino hacia un mundo mejor

Por: P. Guillermo Marcó

En un reciente encuentro en el Vaticano expuse el espíritu que promueve el Instituto de Diálogo Interreligioso en la Argentina en base a un periplo interconfesional que hicimos hace dos años por Tierra Santa y Roma.
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Casi medio centenar de argentinos de fe judía, católica, cristiana armenia y musulmana y un agnóstico -entre ellos políticos de diversos partidos, empresarios y trabajadores compartimos un viaje de diez días a Tierra santa y Roma. Eramos un grupo unidos por el deseo de construir un mundo mejor y, en el caso de los creyentes, de la mano de Dios. Es cierto que siempre hay que superar prejuicios, bajar barreras mentales, deshacer los propios guetos en los que nos encerramos e, incluso, perdonar las miserias ajenas, como otros sufrieron las mías y también las disculparon o las dejaron pasar.

En Jerusalén, fuimos a territorio palestino, donde teníamos una entrevista con el primer ministro. Para muchos -sobre todo para los judíos- era la primera vez que entraban en Rammallah. Tuvimos con Rami Hamdallah una entrevista cálida, profunda y con la po- sibilidad de hacer preguntas. Re- afirmó la vocación de su gobierno al diálogo y a la búsqueda de con- sensos para lograr la paz. En el Monte Kenedy, para perpetuar el deseo de hacer cosas que sirvan a las futuras generaciones, planta- mos un árbol por cada tradición con el fin de que crezcan juntos.

Llegamos a la cima del Monte de los Olivos, donde hay una de las vistas más espectaculares de la ciudad vieja con la explanada del Templo, las Mezquitas y la cúpula del Santo Sepulcro. Como era el atardecer, comenzó el canto del llamado a la oración desde los nu- merosos minaretes de las mezqui- tas. Omar El Bacha, uno de los integrantes del grupo islámico pi- dió compartir ese canto. Con una voz grave y melodiosa a la vez, la oración f luía desde lo más profun- do de su alma (lo había cantando en la escuela Islámica, desde niño hasta los doce años). Todos vibramos con el canto, contemplando cómo se cernía una noche más so- bre la ciudad santa.

En el mismo lugar donde contemplando esa vista Jesús lloró: “Jerusalén, Jerusalén.., cuantas veces quise reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus pollitos, pero tú no quisiste” (Mt. 23,37), el rabi- no Daniel Goldman rezó una oración en hebreo -”shejeianu”- para expresar la belleza de ese momen- to que estábamos compartiendo. Luego, invité a todos a tomarse de la mano, los cristianos rezamos el Padrenuestro y, finalmente, nos dimos el saludo de la paz.
Experimentamos en esa tarde la belleza del paso de Dios por nuestras almas, una paz indescriptible y el llanto generalizado que nos purificó el alma. Este inicio selló lo que vivimos después: compartir la cena del shabat, ver al presidente israelí Shimon Peres y entregarle nuestro “Manifiesto de Jerusalén”, donde declaramos nuestros anhelos, el tránsito por la Vía Dolorosa y la visita al Santo Sepulcro, la misa en Belén y la visita a una mezquita en Jordania.
Por último llegamos a Roma, nos encontramos con un Francisco alegre que saludó a todos en forma personal. Que nos agradeció la iniciativa interreligiosa y nos confirmó en el camino de este “modelo de diálogo exportable”, que definió como algo “muy nuestro”, propio de la cultura del encuentro, que hizo de la Argentina un país de convivencia interconfesional e intercultural ejemplar.

Aquel viaje patentizó un espíritu que desde el Instituto de Diálogo Interreligioso (IDI) que fundamos con Daniel y Omar tras la crisis de 2001 queremos potenciar en el país. Y que deseamos compartir más allá de nuestras fronteras por- que anhelamos un mundo mejor.