ABANDERADO DE LA ARGENTINA SOLIDARIA

Un merecido reconocimiento

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La elección se presentaba más que ardua. Unas 1.300 personas de todo el país habían sido postuladas en Internet por la gente para ser el Abanderado
de la Argentina Solidaria. Una primera selección de un exigente jurado dejó en carrera a un centenar. Y una segunda, apenas a una docena, cuyas 
historias de vida y obras fueron difundidas por los principales medios de comunicación para que la gente, mediante el voto electrónico, decidiera quién debía ser declarado la personalidad solidaria de 2010. Más de setenta mil sufragios arrojaron un claro resultado: el elegido fue el padre Sigfrido Moroder, más conocido como el padre Chifri, por su enorme labor de asistencia y promoción en los cerros salteños, pese a una severa limitación física a raíz de un accidente. El anuncio llenó de alegría a los numerosos voluntarios de Buenos Aires y de Salta y a los muchos beneficiarios de su obra. La fiesta en la sede de su misión, El Alfarcito, fue grande. Habían pasado once años desde que Chifri llegó a la provincia procedente de la Capital Federal y seis desde que se cayó de un parapente con el que recorría los parajes y escuelas de su zona de misión. Seis años en los que pasó de una gran angustia por no poder caminar a dar los primeros pasos ayudado por bastones. Y durante los que siguió multiplicando sus acciones religiosas y solidarias. Porque Chifri había convertido sus limitaciones en fortaleza. Margarita Barrientos, reconocida por su labor en el comedor Los Piletones, quiso tener el privilegio de entregarle el premio.