ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Un reino que no es de este mundo

Por: P. Guillermo Marcó

Volver a lo esencial en Semana Santa. La dimensión espiritual de la propuesta de Jesús trasciende lo temporal y no siempre coincide con lo que esperamos de Dios. ¿Adherimos a una ONG o a una religión?
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Estamos transitando la Semana Santa, un tiempo propicio para volver a Dios. La Cuaresma sirvió para revisar cómo estamos. Es sin duda un tiempo de conversión, de formulación de propósitos; quizás también un tiempo de olvido porque a veces nos acordamos un poco tarde de que la Cuaresma pasó. Lo que pasó ya no tiene remedio, no es posible volver el tiempo atrás. Siempre creí que en la Semana Santa había que cambiar la mirada y no dirigirla hacia nosotros y nuestros comportamientos u omisiones, sino hacia Él.

La Semana Santa se inicia con el Domingo de Ramos. Mucha gente se acerca a los templos para participar de las celebraciones y llevarse un ramito bendecido. Es como llevarse un poco de Dios a la casa. En el Evangelio se narra que Jesús manda a pedir un burro para entrar en Jerusalén. Por el camino sinuoso de montaña va ascendiendo desde Betfajé, hasta llegar a la cima del Monte de los Olivos, desde donde la vista de la ciudad santa es conmovedora. Es el mismo sitio donde Jesús lloró mirándola. El monte estaba cubierto de árboles de olivo y abajo esta Getsemaní donde había una cueva que servía para acumular las aceitunas en la cosecha y hacer el tan preciado aceite de oliva.

A su ingreso a Jerusalén la multitud lo aclama como mesías, como a su futuro rey. Fue una entrada triunfal por la Puerta Dorada (hoy tapiada) de la gran muralla de Herodes. ¡Qué voluble es el ánimo de las multitudes! A los pocos días, en el mismo escenario, pero iluminado por la claridad de la luna llena, los soldados romanos lo irán a buscar, pero provistos de espadas y palos –como si fuese un delincuente de temer- para apresarlo, enjuiciarlo, condenarlo y ajusticiarlo. La concepción del Reino al que se refería Jesús es diferente de lo que la gente esperaba: un mesías político, que viniese a liberarlos, a expulsar a un poder dominante extranjero que eran los romanos. De hecho, cuando Poncio Pilatos le dice a la multitud que iba a liberar a un detenido y le ofrece elegir entre Jesús y Barrabás, que era un sedicioso, la multitud elige a Barrrabás.

En el interrogatorio al que Pilatos somete a Jesús le pregunta si es rey y Jesús responde: “Tú lo has dicho”. Pero enseguida le aclara: “Mi Reino no es de este mundo”. Cuánto habría que reflexionar sobre esta afirmación. El Reino que proclamamos los cristianos, el que pedimos en el Padrenuestro cada vez que lo rezamos, no es de este mundo. Entonces debo preguntarme: ¿Qué reino espero? ¿A qué rey aguardo? ¿Quiero también un mesías temporal que imponga la cristiandad y nuestra manera de pensar? ¿O, por el contrario, escondo el anuncio del Reino por miedo a una cultura tan contraria a la vivencia de la fe? ¿Se nota que Dios reina en mi vida?

Cada pascua me hago estas preguntas. ¿Qué debo ofrecerle a la gente? Hace 25 años cuando estaba misionando en un pueblo del interior el cura de la parroquia me comentaba: “Cuando la gente necesita ropa o comida viene a la parroquia y cuando quiere oír hablar de Dios va al templo evangélico. Como Iglesia católica ¿hablamos de Dios? ¿o nos habremos convertido en una ONG solidaria, algo muy loable, pero sin espíritu de trascendencia?

Durante la pandemia la falta de una vivencia espiritual compartida se agudizó. Nos pasamos horas delante de la pantalla y relegamos el valor de lo presencial. No hay sacramentos sin contacto. Bienvenida la posibilidad que nos da esta Semana Santa de volver a Dios, de congregarnos, de cantar, de reír y llorar con Él. De oler el incienso y sentir el calor del hermano en una celebración en donde estamos apretados otra vez.

Testigos del Reino, mensajeros de lo divino, volvamos a alimentar al pueblo de Dios con alimento sagrado. Que la Pascua sea advenimiento, que haga presente el otro mundo que habita Jesús y que irrumpe en este mundo con su Resurrección.

¡Felices Pascuas!