REABREN EL MUSEO RELIGIOSO DE SANTIAGO DEL ESTERO

UN VALIOSO PATRIMONIO DE ARTE Y FE

Por: María Montero

Exhiben 300 piezas, entre las que se destacan objetos de San Francisco Solano.
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Después de 6 años de trabajos de restauración, el Museo de Arte Sacro “San Francisco Solano” de la provincia de Santiago de Estero, reabrió sus puertas con una valiosa colección de 300 obras, en su mayoría españolas y peruanas, y algunas autóctonas. Las imágenes y reliquias muestran la historia artística y espiritual del pueblo santiagueño, además de la devoción que le profesan al santo franciscano.
La primera etapa de la recuperación se inauguró el 13 de julio con obras del siglo XVIII, en su mayoría esculturas de madera policromada, estucadas con color y detalles de hoja de oro. Muchas de ellas tienen dientes de nácar tallados, ojos de cascarón de vidrio y lenguas de cuero.
Las piezas –algunas datan del año 1600– fueron restauradas por nueve artistas plásticas santiagueñas con la supervisión y capacitación de María Alejandra Vela, restauradora y catedrática de Buenos Aires. “La más maravillosa –según Vela– es la de San Francisco Solano, la primera que existió en la Argentina, tallada en 1726 en madera de cedro copiando el rostro del santo al morir, casi de tamaño natural, con aureola y alas de plata y vestimenta de hilos de oro”.
También se pueden ver piezas únicas relacionadas con la vida de San Francisco en Santiago del Estero, como la casulla original hecha por los indígenas en hilo de chaguar, el cordón característico de tres nudos que ceñía su vestimenta, el atril del altar y un trozo del tirante de quebracho que, según la tradición, hizo estirar el santo para construir la celda-capilla.
En una de las salas se exhibe una teca redonda con incrustaciones de piedra preciosa con una parte ósea de su paladar, reliquia que pidió Fray Jorge Stipech, fundador del museo en 1969, al cardenal franciscano Landázuri del Perú.
La magnitud de este proyecto abarca también otras esculturas barrocas medievales que rememoran la religiosidad del pueblo santiagueño, como dos Dolorosas de 1,70 metros de altura que eran transportadas en las procesiones, un Cristo Nazareno penitente y una Virgen Niña española con cabello natural.
Stipech, quien hoy es coordinador general de archivos, bibliotecas y museos franciscanos, recuerda que “hace casi cuarenta años, cuando abrió el  museo, la gente se acercaba a traer los objetos de devoción que tenían en sus casas; todo era bienvenido.
Yo mismo –dice– viajé a Brasil a comprar 28 cristos mutilados que se usaban para macumbas y algunos hoy se exponen en el museo”. “Reabrirlo –arma Fátima Duarte, su actual directora– fue un milagro de generosidad de las artistas que trabajaron ad honorem, de la Orden Franciscana, la Fundación Cultural Santiago del Estero y de la Subsecretaría de Cultura”. A lo que Vela asiente y agrega: “También de la gran cantidad de personas que se sintieron
parte, donándonos telas antiguas y puntillas”. Todos coinciden que el poder integrador de este proyecto histórico, cultural y religioso que ofrece la provincia
más antigua de la Argentina, enriquece la identidad del país.