JUDAISMO - AUTOR: Mario Eduardo Cohen

Una celebración que destaca la libertad

Janucá denota inauguración y evoca la primera lucha por la libertad religiosa de la historia de la humanidad. Se trata de una festividad que dura ocho días.
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Desde anoche y hasta el 24 de diciembre, enormes candelabros de Janucá pueden observarse en varias plazas porteñas, del interior y de América Latina. Lo
mismo ocurre en urbes como Nueva York, Moscú, París, Madrid, Roma, Berlín y Jerusalén. Es que en estos días, los judíos festejamos la Fiesta de las Luminarias. 
Literalmente, Janucá significa inauguración y evoca la primera lucha por la libertad religiosa que se conoce en la historia de la humanidad. Y en una visión moderna,
también celebra los derechos de las minorías a ser diferentes. Un hecho acontecido hace casi 22 siglos sigue vigente como una voz de alerta contra toda tiranía.
En el año 175 (a e.c.) el rey helenístico Antioco IV Epífanes gobernaba Medio Oriente. No contento de tener todo el poder sobre Judea, se propuso helenizar por la fuerza al pueblo hebreo; quitarles su identidad cultural y religiosa.
El pueblo se rebeló y pasaron dos años de duros enfrentamientos. Finalmente, de la mano de un gran estratega, Yehudá (Judá) Macabí o Macabeo, los judíos entraron victoriosos al Templo de Jerusalén: destruyeron el altar pagano, purificaron los utensilios profanados y encendieron por primera vez el Candelabro. Aquí ocurrió lo que la
tradición posterior llama el milagro de Janucá: la vasija que contenía aceite para un día alcanzó para ocho. De ahí que la Fiesta de las Luminarias invita al pueblo hebreo  al encendido de candelabros durante ocho días, para transmitir y hacer propia esa pequeña luz, débil, humilde y frágil, pero que no pudo ser extinguida por ningún déspota en más de dos milenios. La tradición judaica sostiene que “un haz de luz tiene el poder de disipar una enorme oscuridad”. Según Maimónides, el objetivo es “hacer público el milagro y aumentar así la alabanza y el agradecimiento al Todopoderoso”.