Domingo 14.04.2024

El 70% de la población es católica

Una isla en Indonesia, "tierra prometida para las vocaciones"

La empobrecida isla tiene 1,5 millones de católicos, un seminario interdiocesano con 400 alumnos y, otro, de la Sociedad del Verbo Divino, que cuenta con 1.300 estudiantes de diferentes institutos religiosos y es el seminario más grande del mundo.
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A primera vista, Flores parece una isla como todas las demás, ni más ni menos que las 17.508 que componen el estado archipiélago más grande del mundo: Indonesia. Sin embargo, el 70 por ciento de su millón y medio de habitantes es católico, a diferencia del resto de las islas donde, en promedio, el 85 por ciento de la población se declara musulmana.

Un récord, el de ser la única isla con una población predominantemente católica, que va de la mano de otro nada envidiable dato: Flores es el lugar más pobre del país en su conjunto.

La isla indonesia de Flores es la “tierra prometida de las vocaciones”, dijo al periódico vaticano L'Osservatore Romano un sacerdote misionero italiano de 80 años. “Aquí hay cuatro diócesis, cinco seminarios menores con un total de 500 jóvenes candidatos, sin mencionar el seminario interdiocesano, famoso por su escuela de filosofía y teología, donde estudian 400 personas”, enumeró el padre Luigi Galvani.

Además, "sólo en la diócesis de Maumere hay alrededor de 200 institutos religiosos, 57 congregaciones", continuó, e indicó que allí, la Sociedad del Verbo Divino tiene el seminario más grande del mundo, descrito como el “pequeño Vaticano”, donde estudian 1.300 estudiantes de diferentes institutos religiosos.

La mayoría de los católicos, asegura el padre Galvani, son agricultores y pescadores “sensibles a la aceptación del Evangelio y al compromiso religioso hasta tal punto que la promoción vocacional es muy fácil”, lo que lleva a cientos de ordenaciones en la isla cada año.

Citando una reciente petición de los empleados bancarios musulmanes de bendecir su banco, el padre Galvani también habló de la armonía interreligiosa en la isla.

Fuente: L’Osservatore Romano