SU AUTENTICIDAD DIVIDE AL MUNDO CIENTÍFICO

Una muestra sobre el fascinante misterio del Santo Sudario recorre el país

Organizada por la Orden de Malta, incluye una réplica del lienzo que habría envuelto a Jesús tras su muerte.
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La polémica sobre la autenticidad de la llamada Sábana Santa -el lienzo que presuntamente envolvió el cuerpo de Jesús en su entierro- es inagotable como la devoción que provoca. Guardada en la Capilla Real de la catedral de Turin, su exhibición cada vez que un pontífice la autoriza -la última vez fue en 2015- concita multitudes. Hasta el 2 de mayo se pudo visitar en la catedral de Buenos Aires una muestra itinerante sobre este misterioso objeto de veneración que cuenta con una réplica en su tamaño original (4,4 metros de largo y 1,13 de ancho) con la figura de un hombre (de 1,80 metros) que habría estado envuelto en el lienzo.

Bajo el titulo a modo de pregunta “¿Quién es el hombre de la sábana?: una búsqueda de rastros”, la exposición -promovida por la Asociación de Caballeros Argentinos de la Soberana Orden de Malta- incluye una veintena de paneles explicativos con información histórica y científica sobre el famoso lienzo. También forman parte siete vitrinas con objetos que imitan la corona de espinas, los clavos y la punta de lanza que se utilizaron durante su martirio hasta su muerte en la cruz, según el relato bíblico. Tiene por objeto que los fieles reflexionen sobre su autenticidad a partir de los estudios efectuados desde fines del siglo XIX.

La trayectoria documentada del lienzo -que es de lino- comienza en 1357 cuando comenzó a exhibirse en una iglesia de Lirey, Francia. Tras un largo itinerario -durante el que fue dañado por un incendio- terminó siendo depositado en su actual destino en 1578.

Un hito en su estudio aconteció en 1898 cuando un fotógrafo no profesional, Secondo Pia, obtuvo la autorización para fotografiarlo y se sorprendió al comprobar en los negativos de las fotos que se podía ver con más claridad la imagen del cuerpo y, en particular, su rostro perteneciente a un hombre barbudo con facciones expresivas.

Casi un siglo después, en 1988, la Iglesia autorizó que se sometiera a la Sábana Santa a pruebas de carbono 14 para establecer su antigüedad. El estudio se realizó en tres laboratorios y los resultados fueron coincidentes en el sentido de que la tela data de entre los años 1260 y 1390. O sea, de la Edad Media. Sin embargo, el inventor del Acelerador de Espectrometría de Masa en Datación por Radocarbono -la técnica usada para analizar la muestra del lino-, Harry Gove, admitió la posibilidad de que una capa bioplástica podría haber falseado resultados de la prueba. Pero otro estudio descartó su existencia.

Sin embargo, las marcas que la sábana contiene son sugestivas. Además de la figura del hombre, el paño tiene numerosas impresiones de heridas sangrantes, producidas por flagelaciones en la espalda y los muslos, por los clavos que atravesaron las muñecas y los pies y por un puntazo en el lado derecho del pecho. También aparecen huellas de sangre en la parte del cuero cabelludo, producto de la “coronación” con el trenzado de espinas. Además, el hallazgo de 58 tipos de polen, 14 de ellos característicos de Tierra Santa. El teñido de los hilos es con un procedimiento de la era romana.

En la inauguración -que contó con la presencia del arzobispo porteño, cardenal Mario Poli-, el embajador de la Orden de Malta, Georg Khevenhueller, afirmó que “la exposición busca acercarnos a uno de los objetos más fascinantes del mundo: la Sábana Santa de Turin”.

Y añadió: “La imagen en la tela nos conduce a plantearnos muchos interrogantes, como por ejemplo, ¿es verdaderamente antigua o medieval? ¿Cómo se grabó esta imagen sobre ella? Pero hay una pregunta más significativa aún que cada uno deberá responderse: ¿es posible que el hombre en la imagen sea Jesús?”.

A pesar de las controversias, la Exposición puede ser una herramienta que permite acercar a los visitantes un mensaje de amor, al conocer desde el Sudario el sufrimiento, crucifixión, muerte y resurrección de Jesús.