LA EVOCACIÓN DEL NACIMIENTO DE JESÚS EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Una Navidad diferente

Por: Sergio Rubin

Un sacerdote, una religiosa y un laico que encararon acciones solidarias durante la pandemia creen que la dureza de lo vivido puede llevar a revitalizar la celebración.
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Termina un año excepcional, signado por una pandemia mundial –aún con final abierto- que golpeó con fuerza, causando cientos de miles de muertes, agravando las necesidades de muchos y obligando a tomar una serie de recaudos que modificaron nuestros hábitos y pusieron de manifiesto la precariedad del género humano y la importancia del sentido de comunidad. La Argentina la sufrió especialmente: se contó entre los países con más fallecidos en relación a su población y con un impacto económico y social -que agravó la crisis preexistente- mayor al de otros países. La contracara -imposible de soslayar- fue la heroica entrega del personal sanitario y una estimulante ola de solidaridad.

En la Iglesia, sacerdotes, religiosas y laicos que llevaron adelante iniciativas solidarias para paliar sus efectos consideran que esta vez la celebración de la Navidad –que hace tiempo viene estando muy afectada por el vértigo, el bullicio y la invitación al consumismo- puede ser para los cristianos una gran ocasión para revitalizar su sentido religioso, asumir con más fuerza los valores que conlleva y renovar así el compromiso de ser mejores, de tal modo que todo lo vivido en 2019 no haya sido en vano. Dicho en palabras del Papa Francisco: “salir mejores”.

“En la gran mesa que somos como nación sin duda todo lo sucedido contribuye a que vivamos una Navidad muy especial”, dice el padre Sergio Castro, vicario de dos parroquias del interior de Formosa, que integró “NoEstamosSolos”, una propuesta de contención psicológica y asistencia espiritual a través de las redes sociales y el teléfono que alcanzó a miles de personas. Señaló que “para muchos que perdieron sus seres queridos, para quienes pasaron a ser desempleados y, en fin, para todos los que vieron caerse a pedazos sus sueños, no habrá ‘felices fiestas’”.

En ese sentido, el padre Castro subraya que “la pandemia nos quitó muchísimo, pero nos hizo descubrir que la fragilidad es la moneda corriente del ser humano y que cada vez más necesitamos unir nuestras vulnerabilidades”. Por eso, cree que “el milagro de la Navidad sin duda radicará en sentarnos a la mesa con nuestras familias y comunidades -más allá de lamentar la ausencia de quienes no podrán estar por las restricciones sanitarias-, alegrarnos de lo que tenemos y aunar esfuerzos para reconciliar y sanar lo que está roto o herido”

De todas maneras, dice que no se pueden pasar por alto las muchas acciones solidarias que hubo. “La pandemia mostró lo mejor y lo peor de la sociedad, pero prefiero apuntar a lo mejor, y los números hablan por sí solos: un millón de cajas solidarias del proyecto ‘Seamos Uno’ solo en el conurbano bonaerense, una iniciativa similar en Córdoba y Resistencia, la labor de más de 3.300 Cáritas en todo el país con distribución de comida, centros de merienda y de acogida a personas en situación de calle, entre otras muchas obras”, detalló.

Con una gran obra religiosa y social en Villa Itatí, el asentamiento del partido de Quilmes que la pandemia obligó a aislar desde mayo, la hermana coreana Cecilia Lee dice que lo vivido este año en el barrio “revitalizará el sentido de la Navidad”. Cuenta que los vecinos ya tuvieron una experiencia difícil en 2016 en vísperas de la evocación del nacimiento de Jesús, cuando “se incendió la cooperativa de cartoneros -que ella ayudó a armar-, que significó un recomenzar y suscitó muchas donaciones”

“Desde entonces vivimos la Navidad como una fiesta de agradecimiento, incorporamos un pesebre viviente, pero este año por la pandemia no habrá una celebración grande, aunque la representación de la natividad del Señor seguramente congregará a bastante gente”, dice. No obstante, considera que el COVID “que es sinónimo de muerte y encierro, con todo lo que implica en nuestras barriadas con familias hacinadas en casas de tres por tres, constituye una ocasión para descubrir una presencia nueva de Dios en este tiempo”

Con todo, dice que “la mayoría aprendimos a resignificar nuestra vida, a redescubrir el sentido de las cosas en medio del despojo. Todo lo que hacíamos y parecía imposible de dejar de un día para el otro lo dejamos y nos recluimos”. Medio centenar de muertos -que no fueron más por un operativo conjunto Estado-sociedad civil- y mayor demanda de comida – su comunidad religiosa reparte 400 viandas diarias- fue el saldo más cruel. Por eso, cree que en esta Navidad deberíamos “renacer todos a una mayor fraternidad”.

El laico Marco Gallo, de la Comunidad San Egidio, apunta que por las restricciones sanitarias este año los voluntarios de su institución no podrán hacer lo que vienen haciendo desde hace dos décadas: los almuerzos navideños en templos de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano para carecientes y personas solas. Sin embargo, dice que se repartirán viandas entre las personas en situación de calle y por eso pide donación de alimentos. “Nuestro slogan será ‘una Navidad diferente, pero con los amigos de siempre’”, señala.

Gallo opina que la pandemia “dejó al descubierto grandísimas injusticias, expuso importantes brechas sociales, pero a la vez suscitó desde lo más profundo sentimientos de solidaridad que se reflejaron en gestos concretos”. Añade que para San Egidio “fue un bellísimo descubrimiento, ya que nos vimos envueltos en una cadena solidaria de gente que cocinaba en la parroquia o en su casa, que preparaba las viandas y que las repartía”. Pero cree que no hay que bajar los brazos porque “para la vuelta a la normalidad vislumbramos las necesidades que muchos tendrán”.

“Por todo lo que sucedió este año esperamos que en la Navidad se viva de un modo más despojado y fraterno y no quede envuelta en una cultura consumista como podría parecer que muchos la viven, aunque no todos, ni en todo”, afirma. Eso sí: no considera que esta vez vaya a ser “más religiosa” por las restricciones sanitarias porque “lo espiritual pasa por el corazón de cada uno y la escucha del Evangelio”. De todas maneras, alerta que “el riesgo tras la pandemia será dar vuelta la página y hacer como si acá no pasó nada”.

Finalmente, el padre Castro cree que a pesar del embate consumista que sufre la Navidad, “la mayoría de la gente festeja el nacimiento de Jesús y en lo sencillo y escondido de cada hogar es una celebración de vida y esperanza”. Y estima que este año tendrá “mucha profundidad porque nos bajaremos de los tronos que nos montamos al reconocer que por más seguros que estemos no nos salvamos solos”

La hermana Cecilia apuesta a una Navidad más despojada, dejando de lado aquello que nos ata porque la pobreza libera. En la misma línea que el padre Castro cree que la pandemia nos enseñó que “nos salvamos juntos o nadie se salva”. Y Gallo confía en que no será en vano lo vivido en este tiempo tan duro. Por eso, esta vez más que nunca: ¡Feliz Navidad!