Miércoles 12.06.2024

Un aporte para vencer prejuicios

Una sala de la Feria del Libro se llenó de vecinos de una villa

Fue con motivo de la presentación de La 21/14: una crónica de la religiosidad popular frente al desamparo, sobre el asentamiento enclavado en el barrio porteño de Barracas. Cuenta historias de vecinos en el contexto político, social y religioso.
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Pasó desapercibido. Por primera vez en más de cuatro décadas de existencia, la Feria del Libro recibió este año una visita que acaso le estaba faltando para hacerla totalmente inclusiva: la de  numerosos habitantes de una villa porteña. Fue con motivo de la presentación de libro La 21/24: Una crónica de la religiosidad popular frente al desamparo, sobre el asentamiento más grande de la ciudad de Buenos Aires -el que está enclavado en el barrio de Barracas-, escrito por la licenciada en Historia Inés Arteta y editado por el sello Continente.

En la sala que lleva el nombre del aristocrático escritor Adolfo Bioy Casares se apiñaron hombres, mujeres y jóvenes que son protagonistas –no sólo genéricos, sino en muchos casos con nombre y apellido- de un trabajo literario que quiso mostrar la historia de la villa desde la historia de vida de muchos de sus vecinos, sin dejar de contar el contexto político, social y, especialmente, religioso. En fin, mostrar el rostro humano de una realidad llena de carencias y acechanzas, pero sobre todo de abnegación y valores.

Tras conseguir el apoyo de los curas villeros Toto De Vedia, el párroco de la iglesia Caacupé (sucesor del famoso padre Pepe Di paola), que está a la entrada del asentamiento, y de Charli Olivero, Arteta se pasó casi dos años visitando vecinos, recopilando vivencias y reconstruyendo una historia de décadas que osciló entre el intento de erradicar la villa a proyectar su urbanización pasando por procurar su invisibilización. Y con la acción de los “curas villeros” como referencia constante.

El libro deja en claro que el factor religioso no es un tema menor. Provenientes del interior y, sobre todo, de Paraguay, los habitantes, en su gran mayoría, llegan con una religiosidad popular, que los une y los alienta. Y cuenta al detalle la entusiasta recepción, en 1998, de una imagen de la Virgen de Caacupé, patrona de los paraguayos, previa procesión por las calles de la ciudad, con escala en la catedral porteña, y participación de un asiduo concurrente a la villa: el entonces obispo Jorge Bergolio.

En la presentación, el dirigente social y hombre de la cultura Víctor Ramos destacó la fidelidad del libro a la realidad de la villa y su estilo ameno; el periodista Sergio Rubin consideró que ayudará a “vencer prejuicios”. Y el padre De Vedia al celebrarlo, dejó tres definiciones interpelantes:
-“Quedarnos solo en la urbanización de la villa es ‘hacer chapa y pintura’; debemos tocar el corazón del vecino”.
-“Hablar de urbanización suena a imperialismo de la ciudad en la villa; debemos hablar de integración urbana”.
-“Ojo: no sea cosa que de tanto criticar el populismo nos olvidemos de los pobres”.

La presentación estaba llegando a su fin. Para muchos era la primera vez que visitaban la feria, entre ellos varios que habían llegado en un micro de un vecino que donó el viaje para que ningún interesado se quedara sin ir. Como también era novedoso para alumnos de los dos colegios de la villa que se sumaron. Cerró el padre Charli con la lectura de simpáticas anécdotas de vecinos que contiene el libro, reconocidas y celebradas por un público que vivió la presentación como una caricia para el alma.

Fuente: VR