ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA - AUTOR: PBRO. GUILLERMO MARCO

Una semilla de paz que germinó

Por: P. Guillermo Marcó

La reciente visita de un grupo de judíos, cristianos e islámicos argentinos a Tierra Santa y el Vaticano fue un eslabón más de una seria de gestos por la convivencia que desde años se producen en el país y que ahora se exportan.
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Jesús dijo entonces: "¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? -Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto ylos pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas".
Hay momentos de la vida en el que la "Palabra de Dios" resuena en el propio corazón dando razones, a lo que -con locura y esfuerzo- se sembró hace muchos años. ¿Cómo podía imaginar cuando conocí al islámico Omar Abboud y al judío Dani Goldman, que juntos escribiríamos un libro: "Todos bajo un mismo cielo"; que fundaríamos un Instituto de Dialogo Interreligioso. Que de la mano del entonces cardenal Bergoglio firmaríamos en 2005 -el arzobispado de Buenos Aires, la DAIA y el CentroIslámico- una declaración conjunta para repudiar el uso de la violencia en nombre de Dios.
Con el profesor José del Corral auspiciamos el programa "Escuela de Vecinos" que permite unir chicos de diversas escuelas porteñas en pos de investigar un tema de su interés y después de meses de estudiarlo y con la ayuda de los docentes hacer un proyecto de ley que se presenta en la Legislatura de la Ciudad. Ante el ministro de Educación y legisladores de diversos partidos, los chicos exponen sus conclusiones -como si fuesen legisladores- y las autoridades se comprometen a presentarlo para que la iniciativa sea votada y se convierta en ley. Un aporte a la creación de conciencia cívica. Claro que no esperábamos que Bergoglio se convirtiera en Papa. Y que ahora haya sido propuesto como candidato al Nobel de la Paz luego de evitar la internacionalización del conflicto en Siria con un arma más poderosa que las de la fuerzas de ocupación: una jornada mundial de ayuno y oración por la paz. Su anuncio de que en mayo visitará Tierra Santa, suelo sagrado de las tres religiones monoteístas, pero que ha vivido desgarrada por los conflictos, terminó de inspirarnos, a partir de la semilla que se sembró en "el fin del mundo", como le gusta definir a Francisco su lugar de origen.
Así, junto a Claudio Epelman, del Congreso judío Latinoamerica- no, Luis Grynwald, ex presidente de AMIA y Omar Massud, ex presidente del Centro Islámico; en coordinación con el Papa Francisco, soñamos algo inédito en la historia de la humanidad: organizar una delegación conjunta de cristianos, judíos y musulmanes a Tierra Santa, previa al viaje papal. Tuvimos que sacarnos los mutuos prejuicios, animarnos a recorrer juntos nuestros lugares sagrados, llevando un mensaje de "unión sin confusión" a los líderes de Medio Oriente. Sabíamos a dónde nos dirigíamos, pero no podíamos medir el éxito o el fracaso de nuestra misión, solo aceptar el desafío.
Para hacer un poco de lío –como le gusta al Papa Francisco-, y ante el pedido del rabino Sergio Bergman, en calidad de diputado del PRO de sumarse, vino un diputado del kirchner ismo: Carlos Kunkel. El radicalismo estaba muy bien representado: el ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini y Claudio Presman. La convivencia no se alteró. Es que se puede convivir cuando se quiere, dejando de lado prejuicios -que tenemos todos-, derribando muros mentales y permitiendo que Dios nos sane el alma. Tratando de ver al otro como es: un ser humano igual a mí que tiene otra creencia.
Muchas personas tienen miedo de hacer esto, o a veces lo hacen mal, no hablando de lo que al otro le molesta, o callando la verdad de sus creencias. Nosotros no lo hacemos así. Hemos rezado juntos pero cada uno según sus creencias. Me emocionó la devoción del otro. Y me uní en una "raza" en común: la trascendencia. Visitamos lugares sagrados de las tres religiones, nos encontramos con personas importantes, pero lo más profundo e inexplicable es lo que pasó entre nosotros.
Con todas las miserias que tiene convivir -como pasa en una familia-, volví diferente, con la convicción de que vivir en paz es una decisión del hombre y una gracia de Dios. La semilla plantada aquí dio su fruto: juntos, ya escribimos un libro, plantamos tres árboles en Jerusalén y ahora estas ideas tienen hijos que, si siguen estas enseñanzas, podrán hacer de este mundo un lugar más amigable para las FUTURAS generaciones.