EL AGRAVAMIENTO DE LA SITUACIÓN SOCIAL SACÓ LO MEJOR DE SUS VECINOS

Una villa que ante la pandemia se volvió un ejemplo de solidaridad

Por: Virginia Bonard

Se trata de La Cárcova, en el partido de San Martín. Las ayudas entre sus habitantes fueron reseñadas por un periodista que se fue a vivir allí en un flamante libro prologado por el Papa.
Comparte

Amanece en villa La Carcova, partido de San Martín, en el gran Buenos Aires. Una gota de agua fresca después de haberse lavado la cara queda en la frente del padre Pepe Di Paola que ya imagina el día que se viene. La vida en la villa es una vida “ocupada” 24 x 7 en el otro. Ese otro que da la medida de la propia energía, de la voluntad dirigida al mayor bien posible, la sonrisa rápida y la respuesta amable. Alver Metalli, un amigazo del barrio, apura un café para él y un té para el amigo cura, ya sabe que esta mañana hay muchas donaciones para ir a buscar quién sabe dónde. Acá se hace carne la “Iglesia-hospital de campaña” que previó el Papa Francisco como si hubiera sabido que esta pandemia llegaría con su propio “para qué” de aprendizaje global.

“Aquí no tuvimos necesidad de hacer listas de voluntarios o de convocarlos. Las mismas personas de la parroquia, del barrio, de la villa, las que vienen a misa, las que participan en tantas actividades de tipo religioso, social, educativo y caritativo que proponemos durante el año, son las que hoy cocinan para dar de comer a miles de sus vecinos, limpian los lugares donde trabajan, fumigan las veredas y los patios para que los niños puedan jugar allí sin peligro, se ocupan de las casas de aislamiento que hemos preparado para los ancianos, los hombres que viven en la calle, los jóvenes que se están recuperando de la droga”, dice el padre Pepe en la introducción al libro que nació de Alver, periodista ítalo-argentino, de vasta trayectoria en Europa y América Latialverna, que hace 7 años se mudó al barrio de su amigo cura a vivir su vida entre los más pobres.

Estamos hablando del libro “Cuarentena. Diario desde la ‘peste’ en una villa de emergencia”, editado por San Pablo en español y también en italiano. Escrito en una deliciosa prosapoética, “Cuarentena” cautiva tanto por la crudeza como por la delicadeza con la que traza 40 retratos cotidianos. Porque así como llegó la pandemia al barrio también en este contexto le llegó la inspiración al autor, quien -con ojo afinado y sensibilidad social- logró captar pedacitos de cielo entre las enormes necesidades que sobrellevan los vecinos, los que les vienen ganando a las ausencias, esas que casi, casi se tocan.

“Este enemigo invisible que golpea donde quiere, esta peste que acecha del otro lado de la puerta y espía a sus presas, lista para entrar y devorar a los que ya vivieron mucho”, define el autor al coronavirus. Aunque en la villa le digan “peste”, así nomás.

Unos por estar solos y otros por “exceso” de familia en ambientes muy pequeños, fueron los “viejitos” los primeros en encontrar amparo en la lógica del cuidado de la vida en la villa: “El padre Pepe los mandó a llamar uno por uno hasta los pliegues más recónditos de la villa. Hay algunos que viven solos, en casuchas precarias, frías en invierno y sofocantes en verano, alimentados por la compasión de los vecinos. Otros en núcleos familiares numerosos, como debe ser, con mujeres y niños, en ambientes estrechos donde es imposible mantener la distancia que recomiendan las autoridades sanitarias para la cuarentena”, detalla con justezas que acompañan el relato.

La vendedora de billetes de lotería, los cartoneros, los recicladores, los que hacen changas, los vendedores ambulantes, los jornaleros, las mujeres cocineras que venden en la calle sus ricuras, “el rey del chory”. Todos ellos son los vecinos del barrio que quedaron sin trabajo: “La economía informal está paralizada, el microcircuito de compraventa que mantenía con vida a la población de la villa se cortó. Comer se convierte en una angustia cotidiana”.
Pero también están los otros, los que “la peste tomó por sorpresa, pero las balas no”. Estas siluetas no fueron extraídas de una novela de ficción: son la vida misma en La Cárcova. Como dice La Renga: “Estaba el diablo mal parado / en la esquina de mi barrio”.

Dar de comer fue lo que primero se puso en marcha en la villa como respuesta a las necesidades que brotaban por doquier ante la amenaza del Covid. Sebastiana, Pocha, Ricardo… y otros tantos cocineros son quienes, incluso sin trabajo, viven en servicio activo y con los recaudos sanitarios la preparación de guisos y milanesas. ¡Y no se cansan! Hace poco, escuchaba decir que en las villas hay tiempo ocioso. Y sí. El Capítulo “Vidas en fila” rescata ese tiempo en el que los vecinos deben sí o sí ordenarse en fila manteniendo distancia social para buscar su taper con comida caliente, sus documentos para cobrar las asignaciones del Estado; fila también en el cajero automático, el día de la entrega del bolsón con alimentos con los que aguantan una semanita…

El barrendero del barrio es también un personaje en la villa. Se llama Mortadela, “Morta” si tenemos más confianza. En pandemia se le incendió la casilla, la que pudo rearmar con las chapas que le consiguió el padre Pepe y continuó con su vida adelante. También está Rosa, una señora muy mayor, un poco arisca a veces, que cada tanto entona “melodías en guaraní” y que busca su porción de comida casi fundida con el carrito de supermercado que jamás suelta.

Estas aguafuertes villeras, parafraseando al gran Roberto Arlt, nos adentran en los milagritos que se fueron sucediendo en este tiempo de Covid. Una de las gracias recibidas y aumentadas es la contundente y servicial presencia de la radio del barrio (que existe desde el 2017) en la vida de los vecinos. La radio evangeliza, informa, acompaña, reza, une. Y que también dio la brillante alarma de que se repartirían huevos de chocolate en la Pascua. ¡Supermilagrito!

El autor se explaya sobre el contexto socio-político en el que se da la pandemia: “En el mismo momento en que el gobierno anunciaba medidas drásticas de aislamiento social, los curas de las villas promovían soluciones prácticas para los habitantes de los barrios populares difundiendo la consigna ‘Quedate en tu casa, quedate en tu barrio’, que después fue adoptada por el presidente y propuesta para todo el país”

Y agrega casi escribiendo una parte del futuro: “El poder, en este caso, ha pasado al que tiene la verdadera autoridad, asumiendo el punto de vista de quien vive al servicio de los más humildes y trabaja para transformar su realidad desde abajo y desde adentro”. Algo que cree que no pasará desapercibido en los próximos meses, ni en los próximos años, ni cuando se escriba la historia de este tiempo con honestidad”. La dinámica social sólida, que promueva verdaderos cambios y que sea auténticamente superadora, será entonces “desde adentro y desde abajo”, dice Metalli quien buscó referencias en el Papa Francisco y que puso en valor en el capítulo 20. Imperdible por lo profundo.

¿Se acuerdan cuando comenzó la cuarentena? La Pascua se vivió ya desde el encierro y el aislamiento social obligatorio. Las palabras del padre Pepe para su gente que seguía la misa del domingo por las redes sociales fue una caricia y así lo describe el autor: “[P. Pepe] recuerda que Jesús, en un momento determinado de la historia de los hombres, ha roto la oscuridad para darle sentido a sus vidas de penurias. Y por eso las personas de la villa pueden mirar con esperanza al futuro, incluso en medio de la peste que los recluye en su casa”. También a los que cocinan durante la cuarentena para que mucha gente pueda tener un plato de comida caliente. A los que recorren las veredas de la villa para desinfectarlas y que los niños puedan jugar allí. Menciona las casas para los ancianos, para los alcohólicos, para los drogadictos que se abrieron en estos días de peste.

Todas son formas de seguir a Cristo resucitado haciendo el bien a los hermanos en una situación nueva, desconocida hasta ahora. Anuncio, esperanza, carrera. Son las tres palabras que se repiten en la misa pascual. Anochece en Villa La Carcova. Pero, ¿saben algo? En La Carcova baja el sol, llega la noche, pero nunca, nunca, reina la oscuridad.