OTRA ARGENTINA QUE LLEGA A LOS ALTARES

Una viuda que abrazó la vocación religiosa será beata

Por: Jorge Rouillon

Se trata de Catalina de María Rodríguez, una cordobesa que colaboró con el Cura Brochero y fundó un congregación.
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El sábado 25 de noviembre será beatificada en Córdoba Catalina de María Rodríguez, que en 1865 fundó la congregación de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús. Será la primera beatificación de la historia en la capital cordobesa. Un hecho histórico que presidirá el prefecto para la Causa de los Santos, cardenal Angelo Amato, enviado desde el Vaticano por el papa Francisco.

La madre Catalina tuvo una gran amistad con San José Gabriel Brochero, el cura gaucho que Francisco declaró santo en Roma en 2016.
Brochero era párroco en Villa del Tránsito, en el valle de Traslasierra, y le pidió que le enviara hermanas de su congregación para atender un colegio de niñas y ayudar en la casa de ejercicios espirituales. En 1880, Catalina se desprendió generosamente de 16 de las 30 hermanas que la seguían. Esas religiosas jóvenes e inexpertas cruzaron las Sierras Grandes de Córdoba andando a caballo varios días. Ambos –el cura y la religiosa- amaban los ejercicios espirituales de San Ignacio, el fundador de los jesuitas. Compartían una profunda devoción por la presencia real de Cristo en la eucaristía y una viva preocupación por ayudar a los necesitados material y espiritualmente.


¿Quién era esa mujer que se lanzó a fundar en el país una congregación femenina de vida apostólica activa? Hasta entonces, el destino más común de sus congéneres era la vida doméstica y, para algunas que sentían la vocación religiosa, el convento de clausura. Y ella, confesó, “yo no tenía espíritu para esos conventos”.

Catalina nació en Córdoba en 1823 en una familia acomodada donde la política y la vida pública no estaban ausentes. Un primo hermano suyo, Santiago Derqui, alcanzaría la presidencia de la República.

Cuando tenía 17 años, hizo ejercicios espirituales con los jesuitas y entrevió la vocación de consagrar su vida a Dios. Doce años después se casó con un coronel viudo que tenía dos hijos a los que crió con afecto. Tardó ocho años en quedar embarazada y tuvo una hija que murió al nacer.

A los 42 años quedó viuda y renació su primera vocación. Siete años después fundó su congregación.
No le faltaron pruebas, dolores y angustias, pero condujo ese grupo naciente con mano firme y confianza en la misericordia de Dios. La congregación busca propagar el culto al Corazón de Jesús y restaurar la imagen de Cristo mediante la evangelización y la promoción humana.

Tras bucear en 1673 cartas y en la autobiografía de su fundadora, la hermana Silvia Somaré acaba de publicar el libro “La historia de una buena mujer” (Editorial Claretiana).

“Esta mujer hizo un poco de todo – dice-. Fue una laica comprometida, una buena esposa y madre de familia, una religiosa fiel. En suma, una peregrina en busca de la voluntad y la gloria de Dios. Fue transgresora porque invitó a cambiar costumbres, paradigmas, normas. ¿Su motivación? Seguir lo que su corazón le pedía, dejarse interpelar y conmover por lo más herido de la sociedad, cumplir sus sueños y ser fiel a su fe”.

Catalina falleció el 5 de abril de 1896. El 4 de mayo último, el papa Francisco aprobó el milagro requerido para su beatificación.
Hoy las hermanas están en diez provincias argentinas, en Chile, España y Benín (África). Atienden colegios, casas de retiros espirituales y hogares para menores en riesgo. Y Córdoba se prepara para honrar a esta hija dilecta, cuya vida permaneció anónima para muchos y ahora empieza a descubrirse.