ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Usurpaciones y Doctrina Social de la Iglesia

Por: P. Guillermo Marcó

Premisas vigentes. Ya en la encíclica “Rerum Novarum”, en 1891, León XIII advertía sobre los efectos negativos de desconocer la propiedad privada. Ante lo que está pasando deberíamos tenerlo en cuenta.
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Me pregunto si estamos lenta o aceleradamente asistiendo a la disgregación nacional. Voy a centrarme en un episodio que parece pequeño: lo que está sucediendo en Villa Mascardi, una pequeña población de nuestra querida Patagonia, dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. Hay propietarios que acreditan sus títulos de posesión o de cesión del Estado nacional o provincial, que a su vez pagan tasas e impuestos tanto a la provincia como a la nación.

Los ciudadanos en un país organizado renunciamos al uso de la violencia por mano propia y ante hechos ilícitos recurrimos al Estado, que debe velar por los derechos de todos sus habitantes y por su seguridad. Esto viene a cuento porque es de público conocimiento que varias propiedades en ese bellísimo lugar fueron en los últimos tiempos usurpadas o incendiadas. Hubo dueños agredidos o cuanto menos amedrentados.

Me pregunto si son argentinos quienes llevan adelante estas acciones, aunque invoquen una dudosa pertenencia al pueblo mapuche.¿Estamos regidos por las mismas leyes o el Estado nacional y provincial les concedió soberanía sobre la tierra que usurpan? De ser así estaríamos ante el reconocimiento tácito de un nuevo Estado. Entonces, los habitantes de la zona deberían dejar de pagar los impuestos a la Argentina para dárselos a ellos. Quizá a cambio podrían convivir en paz y ser defendidos de una ministra de Seguridad que, en lugar de velar por ellos, los denuncia. Eso sí, habría que establecer una aduana para transitar por la ruta 40 que atraviesa el lugar y la bandera debería ser la del pueblo mapuche.

Sería conveniente que el gobierno que se jacta de ser peronista siga los consejos del general Perón que decía: “Cada argentino, piense como piense y sienta como sienta, tiene el inalienable derecho a vivir en seguridad y pacíficamente”. También afirmaba: “El Gobierno tiene la insoslayable obligación de asegurarlo”. Y señalaba: “Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o de otro, será el enemigo común que debemos combatir sin tregua, porque no ha de poderse hacer nada en la anarquía que la debilidad provoca o en la lucha que la intolerancia desata” (Discursos de junio a octubre de 1973).

Es imperativo que todos los argentinos nos rijamos por las mismas leyes, las del país, para que no todo sea confusión en el reino del revés y la inacción lleve a que los problemas tengan cada vez más difícil solución.

Frente a la justificación -o casi- de las usurpaciones que suele deslizar Juan Grabois y la creencia de Elisa Carrió de que el Papa en cierta forma lo apaña, convendría recordar las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia en la encíclica “Rerum Novarum” de Leon XIII: “Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la nación. Creen que con este traslado de los bienes de los particulares a la comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los ciudadanos, se podría curar el mal presente. Pero esta medida es tan inadecuada para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es, además, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión de la república y agita fundamentalmente a las naciones”.

No robar y no codiciar los bienes ajenos, siguen teniendo vigencia universal.