Vivenciar a Jesús en el encuentro cotidiano

Por: Consejo de Pastoral Educativa

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La Pascua es el gran acontecimiento de la vida cristiana y la razón de ser de su mensaje para el mundo. Es el memorial anual del paso de Cristo de la muerte a la vida y, por eso mismo, el paso de nuestra esclavitud del pecado a la libertad de vivir en la gracia de Dios. Pero la Pascua no es un mero recordatorio, sino que acontece en la vida de cada cristiano. Por eso, la escuela católica ha buscado diferentes abordajes, ofreciendo una propuesta pedagógica para que se pueda vivenciar lo que significa el paso de Jesús resucitado.

Así, en muchos establecimientos educativos se ha ido realizando lo que se conoce como “Pascua Joven”. Se trata de un espacio en el cual se le propone a los alumnos una Semana Santa diferente, en la que se encuentre con sus pares para pasar unos días en comunidad con el objetivo de, por un lado, realizar obras de misericordia, solidarizándose con las diferentes realidades en donde nuestros hermanos viven diariamente el dolor de la cruz, para llevarles un poco de la luz de la Resurrección a través de sus palabras, sus oraciones y canciones, o simplemente de su compañía alegre, siendo testigos de una vida que es animada por la fe y que contagia, en medio de las dificultades, la paz de quien se sabe amado por Dios.

Realizado este camino de encuentro con el Cristo sufriente, presente en esos hermanos, el siguiente paso dentro de la pedagogía de la “Pascua Joven”, es encontrarlo en la liturgia, ya sea en las grandes celebraciones eucarísticas de la Cena del Jueves Santo y la Vigilia Pascual o en la celebración de la Pasión del Señor en Viernes Santo, para que comprendan que este encuentro con Jesús en la liturgia es lo que alimenta y da vida al encuentro con el hermano que está necesitando de la fuerza del Resucitado. Así la propuesta se convierte en una verdadera formación integral de los jóvenes, que rompe con las ataduras del egoísmo y el individualismo con que a veces nos vemos tentados y nos abre a la trascendencia hacia el otro y hacia Dios, siendo testimonios vivos del paso de Jesús resucitado.

De este modo la Pascua adquiere para los jóvenes una dimensión nueva, diferente y más profunda, que les ayuda a replantearse cuáles son los nuevos pasos que deben ir dando para liberarse de las pequeñas ataduras que le impiden ser la mejor versión de sí mismos, aquella que Dios soñó para cada uno, y por la cual Jesús se entregó en la Cruz y le ofreció la luz de la Resurrección.