Carlo fue un chico sencillo, amable y alegre. Alimentaba su vida interior con la Eucaristía, la adoración y el rosario, y difundía el Evangelio desde las redes sociales, por lo que lo llamaron “el influencer de Dios”. Tras su muerte, a los 15 años, se confirmaron dos milagros. Miles de peregrinos viajan a Asís para rezar ante su cuerpo y pedirle ayuda.